La belleza cautivadora del bosque nublado y la diversidad de especies de orquídeas que crecen en las heladas y casi vírgenes montañas del Parque Nacional Santa Bárbara fueron suficientes para convertir a un depredador del ambiente en su más fiel celador.
Esta historia tiene nombre y apellido: Mario Orellana. Un hombre cincuentón, de contextura menuda, tez clara y una canosa barba que demuestran su trabajo en el campo, pero con tal fortaleza física que ni un adolescente en su mejor estado podría darle alcance cuando recorre el sendero hasta llegar al primer mirador.
Ataviado con un pantalón de tela, calzado cómodo, un machete a la cintura para defenderse de las serpientes dentro del espeso bosque, Orellana cuenta que exploró la montaña hace 35 años, cuando, en lugar de un machete, portaba escopetas para cazar a los salvajes animales de la zona junto a unos amigos.
El entretenimiento de la cacería le duró poco al hijo de Carmen Toro y José Lindolfo Orellana, quien inculcó en su vástago el amor por la naturaleza y la importancia de cuidarla.
Los cafetaleros aprovechan las visitas de sus colegas para mostrar la belleza que ofrece la montaña.
Desde entonces, ha tratado de proyectar y cuidar de cada una de las especies que habitan este hermoso edén.
Este hombre es una de las personas que más veces han subido a la montaña; con un tono jocoso y a la vez orgulloso, dice, mientras contempla el horizonte: “Hasta he perdido la cuenta de las veces que he subido, aunque creo que son unas 500”.
En esos recorridos, él, en compañía de sus cinco hijos, ha recolectado información y documentado unas ocho especies de orquídeas, de las 300 especies que según él hay en el parque.
Sendero
El sendero hecho por Mario Orellana tiene una distancia de unos tres kilómetros y se puede recorrer en tres horas con calzado de plataforma gruesa tipo burro, camisa manga larga, repelente para los mosquitos, agua y algo de dulce para recuperar las energías.
En este recoveco, los amantes de la aventura extrema disfrutarán de una vista impresionante y apreciarán la montaña de Celaque, la cabecera de Santa Bárbara, enormes peñascos y, mejor aún, una gran diversidad de flora que incluye orquídeas, bromelias, plantas medicinales, hojas de jate y otras típicas de la región nublada.
Mientras recorre la montaña, el guía cuenta historias que relatan los habitantes de La Vueltosa, hoy El Playón, Concepción Sur.
Fauna
El parque o montaña de Santa Bárbara también posee una diversidad de animales: aves, serpientes, insectos y mamíferos, entre otros.
Las aves de la comunidad son las chorchas, el pájaro chepe, el zorzal, las urupas, la torreja y el carpintero.
Los de la zona núcleo o el corazón de la montaña de la cordillera de Moroncho son el quetzal, la pava, la chacha negra, el jilguero. Mario Orellana asegura que han visto al águila ratonera.
Otro pájaro que habita esta zona es el halcón de cola roja. Más adentro se pueden observar grandes depresiones, riscos y cuevas, donde se cree que habitaron etnias como los lencas.
Documentación
Aunque el parque no cuenta con una documentación rica que proporcione datos exactos de toda la riqueza, Mario Orellana ha recogido durante 15 años información sobre las orquídeas y algunos animales.
Caballito del diablo es uno de los animales que se observa en las ramas de los árboles.
Entérese
Si es amante de las aventuras y desea internarse por unas horas en el Parque Nacional de Santa Bárbara, puede llamar al 904-4457.