Aunque poco comprendido por la sociedad, el trastorno de dismorfia corporal se ha convertido en un problema de salud mental que cada vez afecta a más adolescentes y jóvenes en Honduras.
Al respecto, la psicóloga Liza Zelaya, explica que este pertenece al grupo de los trastornos obsesivo-compulsivos, y se caracteriza por una preocupación excesiva por defectos percibidos en la apariencia física, que en muchos casos son inexistentes o apenas perceptibles para los demás.
“La persona los percibe como defectos graves, aunque no lo sean. Por ejemplo, yo puedo percibir que mi nariz es muy grande y eso para mí representa un daño psicológico interno, pero tal vez es algo que otras personas no lo perciben”, indicó.
Esta distorsión de la autoimagen puede generar un profundo malestar psicológico, las personas con dismorfia corporal pueden pasar horas frente al espejo intentando corregir o disimular aquello que consideran “imperfecto”.
La experta señala que esta percepción alterada termina afectando la autoestima, las relaciones sociales y la calidad de vida, llegando incluso a dar paso a trastornos asociados como la depresión.
Entre los factores que influyen en el desarrollo de la dismorfia corporal, está la herencia genética, los comentarios dentro del entorno familiar sobre el cuerpo o peso, el bullying en la escuela o la comparación en redes sociales.
“Si en casa o en la escuela se hacen bromas constantes sobre el aspecto físico, esas palabras pueden sembrar una autoimagen distorsionada”, advirtió.
Compartió que la dismorfia corporal suele aparecer desde los 11 años, una etapa en la que los adolescentes comienzan a construir su identidad y se vuelven vulnerables a las comparaciones sociales.
En cuanto a los síntomas más comunes están la preocupación intensa y persistente por una o más partes del cuerpo, las conductas repetitivas, como mirarse constantemente al espejo, compararse con otros y evitar la exposición social.
La psicóloga aclara que estas conductas no responden a un deseo superficial de verse bien, sino a una ansiedad constante y la sensación de vergüenza por un defecto que solo la persona que padece el trastorno percibe.
El diagnóstico no siempre es sencillo. De acuerdo con Zelaya, en psicología se realiza un diagnóstico diferencial para descartar otros trastornos, como la anorexia, la bulimia y la ansiedad social.
La diferencia principal radica en el foco de la preocupación, ya que en la dismorfia corporal, la atención se centra en una parte específica del cuerpo y no necesariamente en el peso o la alimentación.
El impacto de este trastorno va mucho más allá del aspecto físico. A nivel emocional, provoca baja autoestima, aislamiento y sentimientos de inadecuación.
Uno de los elementos que más ha contribuido al aumento de casos en los últimos años son las redes sociales. Zelaya subrayó que plataformas como Instagram o TikTok “venden una realidad o imagen alterada que muchas veces impacta negativamente en los jóvenes”.
Apuntó que, a pesar de su creciente presencia, la dismorfia corporal es un trastorno que muchas veces pasa desapercibido, principalmente por desconocimiento y en muchos casos los pacientes diagnosticados con este trastorno llegan inicialmente a consulta por síntomas de depresión o ansiedad.
De acuerdo con Zelaya, este ha sido uno de los factores que han llevado a muchos adultos a vivir con dismorfia corporal sin saberlo. "Muchos solo aprendieron a sobrellevar u ocultar su dolor para seguir adelante y tratar de ser funcionales", dijo.
En ese sentido, destacó que proyectos como Mente Sana de Diario LA PRENSA son importantes, ya que está contribuyendo a educar y crear conciencia acerca de la salud mental y los trastornos que están afectando a los jóvenes hondureños.
Agregó que la prevención y el acompañamiento son fundamentales. “Los padres y educadores deben estar atentos a los signos de alerta, ofrecer apoyo sin juicios y buscar ayuda profesional cuando sea necesario”, expresó.