“Mientras yo luchaba por mi vida, mi familia sufrió rechazo social”: Lesly Jiménez

Lesly Jiménez Maradiaga abandonó La Entrada y ahora vive en una aldea lejana con su familia.

SANTA ROSA DE COPÁN.

Ha transcurrido casi un año desde que se contagió, pero relatar los 14 días de angustia y sufrimiento que vivió al estar ingresada en la sala covid-19 del Hospital de Occidente la conmueve tanto que llora al recordarlo.

El contagio de Lesly Jiménez Maradiaga por covid-19 en abril pasado fue el primero en Copán.

Ser la primera persona registrada de manera oficial con el virus marcó su vida y la de su familia, ya que mientras ella luchaba por sobrevivir y siendo atendida hasta por 19 médicos, sus hijos, nietos y esposo sufrieron el estigma impuesto por la sociedad.

Jiménez Maradiaga es licenciada en Educación Básica e imparte clases de manera virtual en el jardín de niños Marcelino Pineda de La Entrada, Nueva Arcadia. Su vida cambió después del covid-19, tanto que abandonó la ciudad y las aglomeraciones para vivir en una comunidad alejada, que le permite tener una vida tranquila y con extremas medidas de bioseguridad.

Lesly se retiró de todas las reuniones que le gustaba tener con sus compañeras, solía ser de las personas que salía temprano por la mañana de su hogar y regresaba hasta por la tarde a su casa, ahora no lo hace.

El contagio

El 9 de marzo de 2020, la docente viajó al Lago de Yojoa a celebrar un cumpleaños con su familia, una costumbre en su vida. “Escuchábamos del covid-19 en otros países, no en Honduras”. Viajó confiada, sin imaginar que solo tres días después Honduras registraría los primeros dos contagios del virus.

Transcurrieron tres semanas después de su viaje. Cuando ya había comenzado el confinamiento en el país, Lesly empezó a sentirse mal de salud, pero debido a que padece de lupus ignoró los primeros síntomas de la enfermedad, que ya cobra la vida de 206 personas en Copán y más de 4,290 a nivel nacional.

“Empecé con una tos, me sentía cansada, con dolor en el pecho y dificultad para respirar, fiebre, escalofríos horribles, que eran como si los huesos se me quebraban, perdí el gusto y el olfato. En esos tiempos no se sabía mucho de los síntomas del virus, por eso creía que era una recaída de mi enfermedad de base; sin embargo, sentía que cada noche me ponía cada vez peor”, relató.

La maestra clama por ser vacunada contra el covid por la enfermedad que padece y siente que es la única alternativa para regresar a una vida normal.

Ante el deterioro de su salud, uno de sus hijos, que es médico, recomendó llevarla de emergencia a un centro asistencial privado de Santa Rosa; sin embargo, fue remitida al Hospital de Occidente por sospechas de covid-19.

“Lloré y lloré porque no quería ir al hospital, pero fui a estrenar la sala covid del Hospital de Occidente. Solo recuerdo que mi hijo les pidió a los médicos que me canalizaran, permanecí tres días que no podía ni levantarme. Desde que llegué me pusieron oxígeno, los médicos fueron unos ángeles que cuidaron de mí, después de Dios”.

A Lesly le contaron que 19 médicos y varias enfermeras estuvieron a su cuidado a tiempo completo. “Mi bendición fue que mi atención fue al 100, hoy eso es imposible porque todo está saturado”.

A los dos días de estar ingresada llegaron tres doctores con trajes especiales, “hasta pesar me dio verlos así envueltos”.

La prueba de covid era positiva. “En ese momento sentí que me iba de este mundo, empecé a temblar y llorar. Recuerdo que le pregunté al doctor si me iba a morir y él me dijo que ‘no’, ya que tenían los medicamentos para tratar el covid; pero en esos días yo solo pensaba en que me podía morir”.

La maestra entró en desesperación, tanto que quería quitarse el oxígeno y el suero. “Pensaba en mis hijos, mis nietos y mi papá. Cerré mis ojos y le pedí a Dios de corazón su misericordia y que a mi familia no le fuera a dar porque lo que yo estaba viviendo no era fácil”.

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Lesly Maradiaga dice que ahora que no vive en aglomeraciones respira aire puro.

Estigma

Ser la primera paciente con covid en Copán trajo ventajas y desventajas a la vida de Lesly, pues tenía la atención de todos los médicos, pero sus familiares estaban sufriendo. “No me di cuenta de todo lo que pasó mi familia. Sufrieron por lo que salió en redes sociales, me insultaban, decían que había venido a contagiar a todo el departamento”.

Su familia, residente en la colonia Vanessa, de La Entrada, no solo sufrió por saber que ella estaba enferma, sino por el señalamiento y la antipatía social.Tras recuperarse, Lesly recibió su alta médica en horas de la noche para evitar el acoso.

“Tenía miedo de que me fueran a tirar piedras, me explicaron que era posible que no fuera aceptada por la sociedad porque había tenido algo contagioso”.

Tras 14 días en el hospital vio a su esposo y su hijo, ella solo deseaba abrazarlos, pero en el camino ellos lloraban. “Me contaron que lo que sentían era una gran preocupación”.

Lesly se enteró de que la cuadra donde queda su vivienda fue militarizada, que a diario con una cisterna fumigaban el exterior de su casa y su calle. Las pulperías cercanas dejaron de atenderles.

“Le iban a dejar medicinas a mi esposo, pero a una cuadra de distancia y él iba a recoger la comida, los frescos y las frutas hasta allá; él iba llorando. También escribían cosas en redes sociales”, lamentó. Junto con su familia, Lesly guardó más de 40 días de encierro total en su vivienda.

Cambio drástico

Debido a que padece de lupus y sobre todo después de tener covid-19, la maestra tomó decisiones drásticas que le permiten vivir una vida en tranquilidad. Renunció a uno de sus dos empleos y se mudó a una comunidad de El Porvenir, en el municipio vecino de Florida.

Lesly y su familia mantienen el distanciamiento social, las medidas de bioseguridad y se retiró de todas las reuniones, mejoró su alimentación y no recibe visitas en su hogar. “Solo nosotros en familia”.

La Prensa