22/05/2024
01:35 AM

Nueve mil millones

A comienzos de semana hubo una presentación pública de la situación que vive la Empresa Nacional de Energía Eléctrica, Enee, organización que, evidentemente, se encuentra en fase de severa crisis y a la que no se le ve, por ninguna parte, una salida esperanzadora.

    A comienzos de semana hubo una presentación pública de la situación que vive la Empresa Nacional de Energía Eléctrica, Enee, organización que, evidentemente, se encuentra en fase de severa crisis y a la que no se le ve, por ninguna parte, una salida esperanzadora.

    Muchos de lo datos que allí se mostraron ya se le olvidaron a los asistentes, pero hubo una cifra que seguramente recuerdan: en el encuentro se dijo que las deudas de la agencia, en este momento, son del orden de 9,000 millones de lempiras, cantidad superior a la que consumen varios ministerios del Estado y sólo inferior a lo que se consume en los salarios de la educación pública.

    En adición a lo que implica una suma tan abrumadora, debemos tener presente que aún cuando por arte de magia ese dinero surgiera de algún lugar, lo único que se podría hacer es pagar los adeudos, en su mayoría pendientes de cancelación a los proveedores de energía generada con bunker y diésel. Y nada más.

    A fin de invertir y edificar nuevas fuentes de energía, sobre todo hidroeléctrica, habría que buscar el dinero en instancias financieras y para ello habría que tener, que no es el caso, buen crédito.

    Una nueva genialidad ha surgido, esta vez de las filas del Consejo Hondureño de la Empresa Privada, Cohep. Algunos de sus altos dirigentes han dicho que la Enee se puede salvar si se aumentan los precios, y hasta se ha especulado con una cifra: 20 por ciento arriba de las tarifas actuales y una reducción sustantiva de los subsidios. Esto es un espejismo.

    Cuando las cosas no andan bien en una empresa privada lo primero que se hace es revisar los costos, no aumentar los precios sin examinar todo el proceso productivo.

    De otra parte, aunque un ajuste de tarifas pudiera ayudar al enfermo a no morir, sólo sería una de las medidas. Debe reducirse la burocracia, debe ponerse fin a la corrupción, hay que echar en el olvido las licitaciones deshonestas en que se sabe de antemano quién ganará y, fundamentalmente, hay que abolir la viciada práctica de las 'compras de emergencia' que se hacen en abierta violación de la ley.

    Ya en el interior, hay que nombrar un equipo gerencial de personas competentes que tengan experiencia en el negocio de la energía y sepan conducir una gran organización.

    No se debe nombrar personas que, aunque decentes en su vida personal o muy cercanas al jinete palaciego, sean totalmente inexpertas en estos asuntos y, encima de ello, tengan que atender toda una secretaría de Estado que tiene sus propios desafíos y problemas.

    En suma, hay que hacer una transformación radical, una reingeniería de procesos y una reforma en todos los campos, para que haya genuina superación del pasado y convergencia multisectorial en todo lo que implica la gerencia de una organización relevante.

    Subir los precios y dejar todo lo demás igual es, simplemente, crear un nuevo problema y elevar el índice de inflación. Insistir en colocar a los amigos y a la clientela política, es aumentar la ineficacia y llevar al paciente al estado de coma.

    El Presidente de la República tiene dos opciones: escuchar a las multilaterales que le han hecho propuestas sensatas o aferrarse a las prácticas tercermundistas y prepararse para el sepelio de la Enee.