Volver al campo

San Pedro Sula, Honduras

Por estas mismas fechas hace unos años vieron la luz medidas económicas que apuntaban a aumentar los ingresos fiscales para que la cobija alcance no a todos, pero sí a la burocracia.

Nos referimos al pasado cuando el asunto de la tierra ociosa se convirtió en solución del diente al labio en la disputa por aumentar los ingresos; pero al final bastó un poco de zacate, reses pastando, echar unas semillas para desaparecer la ociosidad, pero no el bajo nivel de productividad.

Hoy, el problema no es el mismo, pero la vista, con razonada ilusión, sigue puesta en el campo con mayor interés en las propuestas de reactivación económica, que va mucho más allá de la producción, productividad y condiciones de mercado para adentrarse con fuerza en la inclusión social, cuya extrema gravedad se ha hecho más evidente en estos meses de emergencia y confinamiento.

Las astronómicas cifras barajadas en estos tiempos de alocadas compras y de sorpresivos contratos tienen sus secuelas, que ahora no son ponderadas eficientemente porque las necesidades van creando tensiones en las que el hoy intenta ocultar el mañana; pero tiene que llegar y llegará. La irresponsabilidad en lo alto se refugia en “el que venga detrás que arree” y así los compromisos actuales nos llegarán como uso de tarjeta bancaria.

Los economistas han presentado propuestas para mejorar el clima socioeconómico y han regresado a la base, al punto de partida racional del que por décadas nos hemos ido alejando y de productor abastecedor y exportador nos hemos convertido en adicto a lo que llega de afuera, en detrimento de la producción nacional.

“Ante la creciente inseguridad alimentaria, las autoridades deben volver rápidamente la vista al millón de hectáreas planas con riego que el país dispone y explota muy poco en, al menos, 31 valles”, señala el documento del Foro Social de Deuda Externa y Desarrollo de Honduras (Fosdeh).

Volvemos al tema de la tierra ociosa, a terrenos pocos productivos y a la atención preferente a aquellos cultivos destinados al mercado internacional, sin valorar las consecuencias de la ruptura de la cadena alimenticia, como advierte la FAO, con poblaciones vulnerables que “abandonen sus medios de subsistencia que emigren con agravamiento de las tensiones sociales”.

En eso de agravamiento de los problemas sociales tenemos mucha experiencia los hondureños tanto en desplazamiento interno como éxodo hacia otros países, y todo porque no ha habido tino, desde hace décadas, para dar en el blanco, por lo que no es extraño la escasa credibilidad en los políticos, más preocupados por nadar y guardar su ropa que por salvar del naufragio el país.