El origen del universo sigue siendo un misterio para la humanidad, la teoría más aceptada, entre los especialistas en la materia, es la famosa teoría del “Big Bang”, ideada en 1927 por el astrónomo belga Georges Lemaître, quien afirmaba que el origen de todo se debe a una gran explosión (un bigbang) que comenzó en un pequeño punto, que tras explotarse se había extendido y expandido hasta llegar a tener el tamaño actual, y que podría seguir expandiéndose. Lo que pocos saben es que Lemaître además de ser astrónomo, era sacerdote católico, por lo que su teoría no contradice la fe cristiana, al contrario, la afirma. La Sagrada Escritura remite a Dios no solo la creación del universo, sino el inicio de la vida misma, a lo que el libro del profeta Isaías llama “ Un Proyecto Inteligente”(Is 40, 12-13). El mismo Albert Eistein, amigo de Lemaître, y que en un inicio estuvo en contra de su teoría, terminó por aceptarla, afirmando en 1943 : “No tengo nada, sino admiración , cuando observo las leyes de la naturaleza. Y no hay leyes sin un legislador”. Está claro que para los cristianos ese legislador no es otro que Dios, su creador mismo. Y en Cristo su Hijo, nuestro Salvador y redentor, descubrimos el camino y la verdad de esa vida, que aún sigue siendo misterio (Cfr.Jn 14,6).

El camino, porque a través de las palabras, los gestos, las enseñanzas y las historias de la vida terrena de Cristo, los hombres descubrimos el mejor y más grande ejemplo de humanidad, brindándonos un faro de principios y valores, de amor y de inversión de vida, para poder encontrar cada uno desde su propias circunstancias , la ruta para cumplir su propósito y misión en este mundo porque todos tenemos un puerto de llegada. Nadie es un accidente. Por otro lado, Cristo nos muestra la verdad de esa vida, que no es otra cosa que aquello que nos hace auténticamente libres, verdaderos y fieles a la versión más propia y genuina de nosotros mismos. Rompiendo las cadenas de la masificación, los influencers, las tendencias virales, las modas o los trending topics de las redes sociales, que fabrican fotocopias amorfas de vida, que únicamente buscan repetir estereotipos prefabricados y degenerados de “seres humanos”. Todo para sacar una burda ganancia. Quizás, y como dijo Lemaître, el universo sea infinito y continúa expandiéndose, pero la vida humana es finita y no se expande, al contrario se contrae en el tiempo, en el cual somos un minúsculo punto para el eterno presente de Dios. La pregunta es: ¿Estás invirtiendo o desperdiciando el misterio al que llamamos vida?