Un mundo bajo presión

  • Actualizado: 19 de octubre de 2026 a las 00:01 -

Lo sucedido el recién pasado 17 de octubre en Francia es producto de una combinación compleja entre factores externos -como el alza a los precios de los combustibles-, demandas sociales, en este caso se trata de la calidad educativa, un evidente debilitamiento del Estado y sus instituciones y, además, intereses políticos de diversa índole.

Las imágenes compartidas una y otra vez por redes sociales nos sorprenden, porque nos muestran situaciones que ya han sucedido en América Latina, pero no esperaríamos en un país como Francia.Más allá de la idea de que Francia siempre ha ido a la vanguardia en la lucha por los derechos de su pueblo, hay que darnos cuenta de que esta es una muestra de la presión en la que se encuentra el mundo actual, especialmente porque se trata de una de las economías más importantes del planeta, con un peso fundamental en el concierto de naciones.

Veamos. Francia es miembro permanente del Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU), es sede de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), es miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), es la séptima economía del mundo y su influencia no es solo política, económica y militar, sino también cultural.

Lo sucedido en Francia, con las protestas por educación y altos precios de los combustibles con el consecuente impacto en el costo de la vida, se transformó en actos vandálicos contra comercios -especialmente tiendas de lujo-, así como en oficinas públicas emblemáticas que eran edificios históricos, como el caso del Ayuntamiento en Limoges.

La presencia de inmigrantes en las imágenes de lo acontecido, así como el uso de banderas de otras naciones, también agrega un ingrediente más que amplía el debate y polariza a la opinión pública, entre el rechazo y la aceptación.

De este lado del planeta, hay quienes observan con admiración lo sucedido en Francia, que no ha sido el único país con protestas de este tipo, también han pasado en Italia. Lo ven casi como un ejemplo de lucha por sus derechos, como si la historia nos devolviera a la Francia de 1789.

Por otra parte, hay quienes recurren al nacionalismo, es decir, a señalar que todo es producto de haber permitido la migración de grandes grupos poblacionales incivilizados y que todo se resolvería retornándolos a su origen. Pero el escenario es mucho más complejo que los extremos.

Lo sucedido en Francia es muestra de la presión entre las demandas ciudadanas desatendidas, la debilidad de las instituciones y la incapacidad de controlar factores externos que son determinados por la geopolítica. Y esa historia no solamente se vive allá, aquí también, con nuestras diferencias fundamentales de desarrollo.Indignado ruge el león, es Francia, la libre, la heroica. Hago alusión a la cuarta y la quinta estrofa de nuestro himno nacional. Cuando el rugido se recibe aquí, con la inmediatez de los medios de comunicación digitales, habría que prepararse para el eco.

Más allá del vandalismo, la demanda de una clase política más cuidadosa de sus acciones, empática y congruente con la realidad de su pueblo sigue estando vigente, especialmente en el mundo actual, incierto y bajo presión.

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