24/05/2024
01:43 AM

Ser papá

Roger Martínez

Ayer, martes 19, fiesta de san José, se celebró en Honduras, y en muchos otros países, el Día del Padre. Y quiero aprovechar la oportunidad para compartir con ustedes algunas de las reflexiones que, en fechas como esa, no dejo de considerar en mi cabeza.

Pienso que la paternidad exige tener claridad sobre qué significa ser papá. En un país en el que la irresponsabilidad de tantos hombres ha producido un altísimo porcentaje de hogares monoparentales, en los que la mujer ha debido asumir toda la carga que conlleva la crianza de los hijos, es natural que se alcen voces que cuestionan el rol fundamental que los papás desempeñamos en la familia. Y es que también hace falta que los que hemos decidido estar al lado de nuestras esposas y no sacar el hombro, tengamos consciencia de lo que el papel de padre contrae. Desde hace tiempo se ha caído en cuenta que no basta con proveer económicamente, pero falta aún entender que la paternidad implica involucrarse totalmente en el trabajo doméstico, en la formación de la prole, en cada uno de lo ámbitos que la vida familiar posee. No hay ningún espacio doméstico en el que un papá consciente de su rol pueda decir “ahí yo no me meto”, o “eso no es mi competencia”, porque en la rica dinámica familiar todo nos compete.

Hay, evidentemente, una notable y natural diferencia entre los ejercicios de la paternidad y la maternidad; hay unos estilos educativos masculinos diversos a los femeninos; pero, fuera de eso, no podemos ver hacia otro lado cuando debemos estar enfocados en nuestras responsabilidades como padres y como esposos.

Y esto último es fundamental. Personalmente, no creo que se pueda ser mal esposo y buen padre. Es un tema de coherencia, de unidad de vida, de integridad. Hay un deber de ejemplaridad que tenemos los padres que chocaría con la escisión que podría darse entre ambos roles. Dentro del hogar no se puede actuar de manera contradictoria con cada uno de sus integrantes, y, por el vínculo que se da entre la madre y los hijos, una conducta escindida resultaría poco ejemplar, deformante.

En Honduras, además, a causa de esa raigambre machista que hemos heredado, muchos papás podemos resultar algo distantes, incapaces de dar un buen abrazo, de manifestar ternura. Asociamos masculinidad con dureza, con indiferencia incluso. Y tenemos esa tarea pendiente. Los papás debemos resultar cercanos, ser dignos de confianza, estar dispuestos a la confidencia. Por malentendidos como ese, muchas veces, nos hemos privado del cariño que los hijos no deberían tener reparo en manifestar.