18/06/2024
12:30 AM

La tarea de ser padre

Roger Martínez

Con mucho menos pompa que la que se acostumbra celebrar el Día de la Madre, este venidero domingo 19, fiesta de San José, celebraremos en Honduras, y en varios otros países, el Día del Padre.

Además de las felicitaciones y los regalos, que se supone deberíamos esperar en esta ocasión, debe servirnos, a todos los que hemos tenido la fortuna y la responsabilidad de engendrar, como ocasión para reflexionar sobre la larga serie de compromisos que hemos contraído desde el momento en el que nuestras esposas nos han anunciado el advenimiento de nuestro primero hijo.

Curiosamente, el primero de esos compromisos no tiene una relación directa con el ejercicio de la paternidad, porque más bien tiene que ver con el hecho de ser maridos, de ser esposos.

Antes de ser padres ejemplares, los hombres tenemos la grave responsabilidad de ser compañeros cariñosos, comprensivos, solidarios y leales con nuestras esposas. No se puede ser buen padre y mal esposo; no es cierto que un hombre indiferente, distante, poco delicado o grosero con su mujer puede ser un buen papá. Mucha de la nefasta herencia del machismo que pervive y se niega a desaparecer tiene que ver con esos aires de superioridad, con esas exigencias arcaicas de ser considerado el amo y señor de un hogar, y, por lo mismo, con derecho a detentar el privilegio de ser servido cual emperador, que muchos hombres aún conservan. Las atenciones se merecen cuando uno también atiende a los demás; la autoridad que un padre tiene sobre sus hijos se gana por medio del prestigio personal y no como producto de amenazas o castigos. No es el permanente ceño fruncido ni el grito imperativo el que genera respeto y consideración. No se puede exigir como derecho lo que no se ha conquistado con obras de entrega, comprensión y servicio hacia los demás.

Cierto que hay un nexo natural, biológico y, por lo tanto, más estrecho, entre los hijos y la madre que los llevó nueve meses en su seno, pero el trato cotidiano, la participación activa en la crianza y educación de la prole, el manifiesto interés por todo lo que tiene que ver con la existencia y formación de los hijos, genera un vínculo indestructible que configura el sentido de la paternidad. Ese vínculo es el que nos lleva a cuidarlos desde muy pequeños y que formen permanentemente parte principal de nuestras preocupaciones e intereses y que ocupen un sitio definitivo en nuestro pensamiento y nuestro corazón.

Me atrevo a decir que la maternidad se obtiene naturalmente, pero que la paternidad se gana con trabajo, con esfuerzo, con interés, con cariño.