Según el National Institute of Drug Abuse (NIH), el consumo de marihuana “reduce la habilidad de aprender y hacer labores más complejas”, idiotiza, y como ya hay muchos en México, sería un grave error apoyar y promover su consumo.
Sus efectos pueden ser más graves en algunos casos: “psicosis aguda y pérdida de identidad personal”, pero menos peligrosos a los que producen a la salud la adicción y el exceso en el consumo de azúcar, café, alcohol y cigarro. Esas adicciones son las principales causas de muerte en nuestro país y no hay nadie que proponga actualmente su prohibición.
La marihuana afecta la salud, por lo tanto hay que combatir su consumo, el que a mi juicio es promovido marginalmente con su prohibición, pues muchos jóvenes tienen la tendencia a fumarla por el hecho de estar prohibida. La prohibición del cultivo, comercialización y consumo de la marihuana no impide que llegue a quien la quiere, pero genera un multimillonario negocio, como lo ejemplifica el que uno de sus principales traficantes esté en la lista de los hombres más ricos del mundo.
El mayor mal social de la marihuana no es a la salud de quienes la consumen, sino a ciudadanos pacíficos que son asesinados, secuestrados, extorsionados y desplazados por los narcotraficantes. Los millonarios recursos que gastan los Gobiernos en combatir su comercialización no se han traducido en una disminución de su uso, pero sí en un descuido en su prevención y de labores fundamentales de los Gobiernos.