25/05/2024
08:41 AM

El ejemplo de Fujiyama

Renán Martínez

En momentos en que políticos de los principales partidos están madrugando a lanzar sus precandidaturas a la presidencia, crece la popularidad del influencer japonés Shin Fujiyama quien no tiene más pretensiones que recaudar fondos para construir escuelas en un país con más necesidades que el suyo.

Lo vi en las redes sociales durante la visita que hizo a la municipalidad de Villanueva, aprovechando una pausa en su recorrido de 250 kilómetros, y me sorprendió ver cómo la gente hacía cola para tomarse una foto con él.

Es admirable cómo también interactúa alegremente con las personas en diferentes comunidades de Honduras, las que visita para promocionar sus atractivos y las actividades de los habitantes. Consciente de su condición de forastero nunca hace comentarios desfavorables o críticas sobre las deficiencias de las autoridades en Honduras. Sus acciones y fatigosos recorridos a pie por la geografía nacional están encaminados únicamente a contribuir, de alguna manera, a que los niños reciban clases en condiciones más dignas. Gracias a sus ejecutorias, su carácter feliz y en definitiva a su carisma, este japonés nacionalizado estadounidense es más popular que las baleadas, como desearían ser muchos de nuestros políticos.

Pero no basta recorrer largas distancias para ganar simpatía. Recuerdo que en la antesala de las elecciones de 1985, el extinto doctor Gregorio Reyes Mazzoni caminó de San Pedro Sula a Tegucigalpa para promover su precandidatura a la presidencia de la república en representación del Partido Nacional. Sin embargo, pienso que no logró su propósito porque el recorrido no lo hizo por una causa noble como sucede con el japonés, sino por motivaciones políticas. A esto hay que agregar que no era muy conocido en Honduras, porque había vivido la mayor parte de su vida en Estados Unidos de donde vino solamente a probar suerte en la política.

Referente a causas nobles, otro extranjero que sobresalió por su acendrado amor a Honduras, demostrado con hechos, fue Toni el Suizo, quien, después de los desastres causados por el huracán Mitch, se entregó a la tarea tesonera de construir puentes colgantes con materiales desechados que obtenía mediante donaciones. Hasta que se fue de Honduras dejando su huella benefactora supe que su verdadero nombre era Toni Rüttimann, pues él prefería el anonimato a la fama, por ello le llamaban “el puentero invisible”. La vez que lo entrevisté, bajo una pertinaz llovizna, cuando se disponía a comenzar un puente en el sector El Carmen de San Pedro Sula, se me presentó sonriente como “Toni el Suizo Marca Registrada, para servirle”. En esa ocasión estaba esperando que llegaran vecinos del lugar a ayudarle, ya que ellos serían los beneficiados con la estructura, pero al ver que no se presentaron como habían convenido, dijo a su asistente “¡manos a la obra!” y comenzaron a trabajar. Su hospedaje eran los talleres de la base Armando Escalón de San Pedro Sula, que le fueron concedidos gentilmente por la Fuerza Aérea de Honduras. De aquí salía a diario a los sectores más afectados por el Mitch, a levantar gratuitamente los llamados “puentes de la esperanza”. Tanto Shin como Toni el Suizo, este último ya fallecido, son un ejemplo de que el liderazgo no se obtiene con discursos huecos ni posturas demagógicas imposibles de ocultar, sino con acciones idealistas y un demostrado deseo de trabajar por una causa a favor de los más necesitados. En cuanto a los políticos que aspiran a cargos de elección popular, deben entender que la Patria es ara, no pedestal, como dijo José Martí.