04/04/2026
02:01 AM

¿Cómo trabaja usted?

Emilio Santamaría

Hace tiempo, cuando se decidió construir un anexo para el Hospital Municipal de Mozambique, que había sido construido siete años antes, los contratistas hicieron un agujero en una pared y quedaron sorprendidos con el hallazgo.

Encontraron nada menos que equipo médico, incluyendo un servicio completo de maternidad, todo ello con un valor de 125,000 dólares. Los funcionarios del hospital supusieron que alguien había colocado una pared en vez de una puerta.

¿Insólito?

Desde luego. Pero desafortunadamente no es un caso único de la indolencia, apatía e incompetencia con que alguna gente cumple diariamente con su trabajo. Y no vaya usted a creer que es una exclusiva de los países del tercer mundo.

No, este desinterés por las cosas bien hechas aparentemente se está generalizando. Por ejemplo, en el hotel Howard de Baltimore, cuando encendieron fuego en las calderas, los contratistas se dieron cuenta de que alguien había olvidado instalar la chimenea.

A veces nos parece increíble que empresas grandes y bien organizadas sean víctimas de la incapacidad manifiesta de algunos de sus empleados. ¿Quiere un ejemplo? Una compañía aérea de las más grandes del mundo estaba preocupada por la gran cantidad de botellitas de licor en miniatura que desaparecían en los aviones. Así que un empleado de seguridad montó un mecanismo con una cámara unida a un sistema de relojería a fin de descubrir la hora del robo. Pero una azafata oyó el tictac y obviamente pensó que era una bomba. El capitán cambió la ruta y aterrizó en Berlín.

Los pasajeros fueron evacuados y todo ello costó a la empresa unos 15,000 dólares. Las botellitas de licor tenían un costo de 35 centavos cada una.

Og Mandino, célebre escritor ya fallecido de quien tuve el privilegio de ser orador asociado, me confió una vez que él pensaba que era más fácil triunfar en esta época que en cualquier otra pasada. ¿Por qué? Sencillamente, mucha gente no está dispuesta a esforzarse para hacer las cosas realmente bien. Como en la agricultura, en la vida diaria cosechamos lo que sembramos. Y si queremos tener una vida de calidad, debemos sembrar calidad en lo que hacemos.

LO NEGATIVO: Dejarse arrastrar por la improvisación mezclada con apatía.

LO POSITIVO: Dejarse arrastrar por el entusiasmo de “hacer bien lo que hacemos”.