Una de las estrategias empleadas por el ejército hondureño en la guerra contra El Salvador fue utilizar hablantes garífunas para intercambiar mensajes a la distancia, entre comandos dentro y fuera de la línea de fuego.

El caso es que los salvadoreños habían interceptado la radiocomunicación catracha y por lo tanto era necesario usar una lengua que ellos no entendieran. La garífuna era la ideal porque en “el pulgarcito de Centroamérica” no hay afrodescendientes ya que no tiene costas en el Atlántico.

Más allá de este beneficio circunstancial logrado en aquel conflicto bélico, la lengua de los garinagu representa una riqueza cultural que podría desaparecer si no se establecen planes gubernamentales precisos para que no solamente sea del dominio de los afrodescendientes sino también de hondureños en general.

Descendientes de los garífunas que se asentaron en Roatán y luego en las costas del Atlántico hace 225 años, paulatinamente han ido abandonando sus cayucos y sus chinchorros para buscar mejores oportunidades tierra adentro lo cual ha menguado la práctica de sus ritos y costumbres ancestrales que resaltan su identidad, como el yancunú o baile de los máscaros.

También ha influido, en ese sentido, que la nueva generación de garífunas haya adoptado las costumbres y el comportamiento de jóvenes de la cultura occidental, tanto en sus vestimentas como en su forma de hablar.

Otra de las razones por las que se está perdiendo la identidad étnica es que en la mayoría de hogares garífunas los padres no enseñan a sus hijos a hablar la lengua ancestral

La cultura garífuna no es solamente pan de coco, casabe y machuca, es el sabor de danzas al ritmo de los tambores, que dan vida a sus playas soleadas; no es solo el colorido de trajes festivos, también es la policromía de atractivos que incentivan el turismo local y extranjero, fuente de ingresos para todos. Por ello no hay que esperar a que calle su lengua como ocurrió con la de otras etnias, tal es el caso de la lenca, la misquita y la pech.

De aprobarse un proyecto de ley presentado en el Congreso Nacional por el diputado Alberto Chedrani, los alumnos de los centros de educación básica y secundaria estarían aprendiendo a hablar en garífuna a partir del año escolar de 2025. Para ello el Instituto Hondureño de Formación Profesional deberá capacitar maestros en lengua garífuna y elaborar un diccionario garífuna-español que sería editado por el Ministerio de Educación Pública.

Sería obligatorio, entonces, que en los referidos centros se enseñe el garífuna así como actualmente es obligatoria la enseñanza del inglés en el nivel secundario, aunque en este caso solamente lo básico aprenden los educandos.

¡Nadie sale hablando inglés de un colegio!. Para que no suceda lo mismo con la enseñanza del idioma garífuna, habría que darle la importancia que tienen otras materias como las matemáticas, si es que no mandan el proyecto de ley a la gaveta de los desahuciados como suele suceder con los potenciales decretos que no tienen un sesgo político.