Manos para actuar

Las nuevas generaciones tienen la posibilidad de vivir en un mundo de avances tecnológicos impresionantes en períodos cada vez más cortos. Este ha pasado de ser el mundo de las imágenes a color, a convertirse en el de la inmersión en experiencias sensoriales digitales, casi reales o adaptadas al gusto y requerimiento de los usuarios.

Esto ha significado abrir la puerta a soluciones tecnológicas para atender problemas que en el pasado eran verdaderas barreras en el desarrollo de muchas personas alrededor del mundo. La tecnología al servicio de la inclusión social es un poderoso instrumento que puede transformar nuestras sociedades.

Si bien el desarrollo tecnológico mantiene a muchos embelesados en sus propias facilidades, entretenidos y tal vez como activistas nada más en redes sociales, también hay quienes hacen la diferencia. De vez en cuando hay noticias o experiencias que significan un aliento de esperanza.

Una de esas experiencias la tuve hace poco más de un mes cuando participé como moderadora en un foro organizado por Unitec, en San Pedro Sula, sobre las nuevas tecnologías de la información, las TIC, y la inclusión laboral de personas con discapacidad.

Todos los participantes tenían experiencias, conocimientos y opiniones valiosas, pero quizás la que más me impactó fue la de los jóvenes de Guala - Manos en Acción, una organización no gubernamental conformada por jóvenes profesionales con inquietud social, que trabajan en la creación de prótesis de miembros superiores desarrolladas con impresoras 3D.

Guala, nombre tomado del vocablo lenca que significa “mano”, nació en 2015 y desde entonces también trabajan en el desarrollo de laboratorios que permitan el acceso de niños, niñas y jóvenes a nuevas tecnologías, así como la donación de prótesis de bajo costo y el seguimiento a los beneficiados.

Esta organización pone en práctica la buena voluntad con el conocimiento en ingeniería biomédica e informática que ya ha sido desarrollado en otros países y lo combinan con el talento joven que existe en Honduras para dar soluciones rápidas y prácticas con el apoyo del sector académico, entidades de cooperación internacional, la empresa privada y la sociedad civil.

Además, como ingrediente indispensable de este proyecto, habría que agregar la sensibilidad para detectar oportunidades donde otros ven barreras; poner los conocimientos y el acceso a la tecnología al servicio de los demás, especialmente cuando se trata de quienes más pueden necesitarlo.

El impacto positivo que logran en la vida de los beneficiarios y de sus familias, a través de su valioso proyecto, merece atención.

Cuando pienso en que los jóvenes pueden cambiar el mundo, invariablemente recuerdo a los miembros de Guala, jóvenes que no se detienen a quejarse y a protestar por lo que otros no han podido hacer, sino que tienen el coraje para ser parte de las soluciones que necesitamos.

Pienso en quienes por situaciones congénitas tienen problemas con sus extremidades superiores o carecen de ellas; en muchos de los jóvenes hondureños migrantes retornados que vuelven con sus sueños rotos y, además, sin una mano o un brazo, producto de algún accidente de los muchos que suceden en el tren que cruza el país azteca de sur a norte; en quienes por diversas situaciones quedan mutilados… ¡Hay tanto por hacer!

Poner las manos en acción, para construir, para recuperar, para dar una mejor calidad de vida y nuevas oportunidades de realización a los demás, es un llamado que no todos están dispuestos a escuchar y a seguir. Pero siempre hay quienes hacen la diferencia, aquí en esta tierra, esa de la que a veces renegamos sin saber que también hay grandes historias que merecen ser compartidas.