Financiamiento y liquidación

Es buena la discusión sobre el presupuesto, no solo sobre su monto, la forma de financiarlo y su función niveladora, al favorecer preferentemente a los que más necesitan de entre los hondureños. Por supuesto que es interesante, pero no suficiente. Hay que hacer una discusión pública que nos permita liquidarlo para saber cuál es la eficiencia de los ejecutores y para que el pueblo sienta que sus “mandaderos” le están rindiendo cuentas y que hacen bien sus tareas.

No formo parte de los que creen que el principal problema del país es la corrupción. Por supuesto, no tengo interés en usarla con fines subalternos, para justificar donaciones recibidas desde el exterior, cumplir venganzas en contra de los enemigos o para crear liderazgos que abran las puertas del poder en las próximas elecciones.

Veo las cosas a la distancia y pensando en el bien común, por ello anticipo que más que la corrupción es la ineficiencia, la incapacidad para ejecutar el presupuesto el problema, o el miedo de hacer lo que corresponde en favor de los más débiles el mayor daño que se le hace a la nación. Dejar de ejecutar un 25% el presupuesto es un crimen porque parte de esta incapacidad gerencial se encuentra en la incapacidad para frenar el acto doloso, la acción tramposa y el enriquecimiento ilícito, ya que para combatir a la corrupción, más allá del alarido infantil o la queja escandalosa, es necesario ser más inteligentes y hábiles que los ladrones.

Frecuentemente, en un comportamiento irregular, al tiempo que se critica a los corruptos se pasa por alto su capacidad relativa y su talento superior para engañar a los funcionarios ineficientes que, si no lo fueron, impedirían que un lempira se desviara de los fines establecidos en el presupuesto, por ello, más que el espectáculo, como un desfile de palillonas, en contra de la corrupción, hay que efectuar acciones inteligentes para impedirla.

Y para ello necesitamos una burocracia hábil, inteligente e imaginativa que no necesite, sino sus propios méritos, para ingresar al servicio público. Mientras sigamos como hasta ahora, exigiendo solo lealtad partidaria, los corruptos tendrán las puertas abiertas, ya que no hay mejores cómplices suyos que los incompetentes. Es aquí, en este esfuerzo, en donde debíamos consagrarnos y, para empezar, hay que liquidar el presupuesto de forma que, además de la ejecución, valoremos los resultados y midamos los avances en la satisfacción de las necesidades de la nación, de su pueblo, especialmente de los sectores menos favorecidos.

Hay que verificar las cifras del presupuesto; pero valorando si el mismo sirve para asegurar el crecimiento favorable del cerebro de los recién nacidos, la educación de los niños y el desempeño de los maestros especializados en su motivación, de forma que en vez de tontos de capirote tengamos una población sana e inteligente, con capacidad para evitar que la engañen y manipulen.

Los empresarios entienden esto. Esperamos que hagan lo correcto y dejen el espectáculo a Gabriela Castellanos y a sus “muchachos”, ellos viven de las luces de la función teatral.