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Apagafuegos

Es literalmente imposible avanzar cuando un país se encuentra envuelto de manera permanente en crisis profundas que muestran su debilísima institucionalidad y el abandono absoluto del Estado de Derecho.

En el caso nuestro, el Estado fallido ha colapsado solo dedicándose a apagar fuegos que él mismo ha encendido con sus altos niveles de corrupción e irrespeto a la ley; de esa manera no hay camino seguro al desarrollo.

La ecuación es sencilla entenderla, por ejemplo en materia de migración e inmigración: cuando un país tiene estabilidad económica, social y política se convierte en el foco para inmigrar hacia allí, y cuando un país está debilitado por la corrupción, violencia, injusticias, entre otros, se convierte en una máquina productora de emigrantes.

Dicho enfoque también tiene impacto no solo con las personas naturales, sino también con las empresas que invierten a nivel doméstico e internacionalmente; es obvio que será mucho más atractivo invertir en climas de paz, estabilidad política y social que en un laberinto donde en cada esquina se encuentran focos de crisis que al sentir una chispa hacen encender la mecha para convertirse en incendios de grandes proporciones.

Es casi motivo de envidia sana observar qué bien avanzan algunos vecinos del continente con aceptables índices de desarrollo humano, con independencia de los poderes estatales, con gobernantes comprometidos con el bien común, mientras en la Honduras de acá seguimos bregando con asuntos que hace tiempo debimos superar.

El Estado se encuentra literalmente estancado, ocupado en hacer de bombero y ello no permite que pueda asumir su rol histórico de líder visionario que marque la senda hacia el mañana de prosperidad.