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Limpiar la casa

Afuera llueve incesantemente. Es ese tipo de lluvia pertinaz pero suave, que no se va de golpe, sino que bien podría ser una manera del cielo, de recordarnos que es necesario “limpiar la casa”, no la material, sino la mente –otros más dirán que también el corazón y el alma- de todo aquello que nos impide tener paz personal.

Llueve para todos, aunque sea en distintos momentos, pero sin distinciones, porque la paz también debe ser alcanzable para todos.

¿Cómo podemos hacer esa limpieza interior? Hay que prepararla, hacer un recuento de aquello donde debemos trabajar más, los momentos ya pasados que siguen incomodándonos, los sentimientos negativos que debemos descifrar para entender primero y luego trabajar por minimizar o eliminar.

Uno de los mejores aliados para esa limpieza es la franqueza propia: ¿por qué me incomoda este recuerdo o situación?, ¿cómo se transforma en mi interior?, ¿vale la pena anclarme en ello?, ¿qué puedo hacer desde mi individualidad para superarlo?

Como sociedad estamos viviendo momentos de odio, en los que los insultos, el descrédito, la desconfianza y la burla grotesca crecen exponencialmente. Mientras tanto, el reconocimiento, la gratitud, el respeto, la solidaridad y la confianza, pierden terreno.

De acuerdo. Lo que sucede en el país: la corrupción, la impunidad, el descaro y muchas otras cosas más vuelven el panorama difícil, hostil. Pero si la situación es así de compleja, ¿tiene sentido complicarla aún más, trasladando lo negativo que nos provoca a la vida personal?

Hace pocos días, con el desarrollo de la Teletón, tuve oportunidad de observar comentarios tanto positivos, como negativos. Agradar a todos es verdaderamente imposible, es seguro que siempre habrá detractores.

Me pareció increíble ver cómo algunas personas trasladaron su propio resentimiento con la vida a una causa tan valiosa, criticando sin más, siendo parte solamente del odio, sin proponer, sin ser parte de las soluciones.

La labor de Teletón iniciada por el recordado empresario Rafael Ferrari, es sumamente visible, sobresaliente. Más de 30 años de trabajar ininterrumpidamente por miles de hondureños que encuentran allí la esperanza y la oportunidad de una mejor calidad de vida avalan a esta fundación; sin embargo recibe críticas duras y grotescas. ¿Qué pueden esperar las demás organizaciones sociales?

Nos hemos mal acostumbrado a lanzar piedras al que hace algo bueno, a quien actúa pensando en el bienestar común. Trasladamos lo malo que vemos en algunos –que también existe, por supuesto- a la generalidad, simplemente porque sí, porque nos despierta morbo vivir en la continua provocación a otros, inquietándolos, manteniéndolos en vilo en sus opiniones.

Limpiar la casa interior implica hacer un análisis profundo sobre cuáles son nuestras verdaderas motivaciones con cada acto que no contribuye a la paz. ¿Estamos dando rienda suelta a nuestros propios rencores, a conflictos no resueltos? Llegar a la raíz del problema debe ser una prioridad.

No se trata de barrer lo superficial, sino de llegar allí donde la limpieza cuesta más. Ser objetivo nunca es fácil, pues significa intentar ver la realidad con otros ojos y con otra actitud; es salir de la comodidad del “yo soy así” y emigrar hacia la madurez.

Estamos en el momento preciso para hacer esa limpieza. La Navidad es un alto en el camino, para ser mejores humanos. Para quienes no son creyentes, esa oportunidad la encuentran también en el fin de año. No desaprovechemos el llamado: antes que decorar, hay que limpiar la casa interior.