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Cuando la realidad nos supera

Helo ahí, al borde de la tierra prometida a sus ancestros, con el reto colosal de “llenar las sandalias” de su antecesor –nada más y nada menos que Moisés–, para liderar por primera vez a un pueblo carente de docilidad. Su nombre es Josué y no sería de extrañar que su corazón estuviera lleno de dudas, puesto que parecía que el desafío era demasiado grande, que la realidad lo superaba, por eso en los primeros nueve versículos del libro que lleva su nombre, Dios se toma la molestia de platicar con él para animarlo y presentarle la única manera de convertir sus miedos y turbaciones en éxito.

De la misma manera, nosotros nos encontramos en el borde de un nuevo año, probablemente con una lista de propósitos a cumplir, pero quizá con la incertidumbre de no saber si tendremos la capacidad o la fuerza de llevarlos a cabo.

Es posible que en su caso los desafíos que debe encarar se los haya heredado el año que termina –desafíos de salud, económicos o familiares– y en este instante no tenga una idea clara de cómo enfrentarlos o sienta que en algún momento estos puedan llegar a aplastarle.

Así como lo fue para Josué, el secreto es el mismo para nosotros. Si queremos que este 2019 sea un buen año y que los retos que tenemos por delante no lleguen a superarnos, debemos tomar la decisión de hacer de Dios nuestro compañero de lucha. No es necesario que enfrentemos la vida solos, Dios quiere ser nuestro aliado y está dispuesto a auxiliarnos con todos sus recursos si confiamos en él y nos dejamos ayudar. Es tomando en cuenta esto que las frases dichas a Josué pueden adquirir un sentido especial para nosotros: “no temas”, “esfuérzate”, “sé valiente”, “no desmayes”, “sigue con confianza las instrucciones de mi ley”, “nada ni nadie te podrá hacer frente”.

Claro está que Dios no nos promete un camino de rosas, pero ya sea que alcancemos o no cada una de nuestras metas hagámoslo en compañía de Dios. ¡Feliz 2019!