Asombrado por la destrucción que dejó una serie de tornados, el presidente Barack Obama visitó uno de los escenarios del desastre y prometió ayuda a los sobrevivientes que perdieron sus viviendas.
Tras presenciar los daños, Obama prometió ayuda federal y reconoció: “Nunca he visto una devastación semejante”, acompañado por la primera dama Michelle Obama en las calles de un vecindario afectado. “Vamos a asegurarnos de que no se olviden de ustedes”.
Barrios enteros fueron borrados del mapa en esta ciudad de más de 83,000 habitantes y sede de la Universidad de Alabama.
“Cuando encaramos el tremendo poder de la naturaleza, nos recuerda que lo único que tenemos es nuestros semejantes”, dijo el mandatario tras dialogar con el gobernador de Alabama y el alcalde de Tuscaloosa.
Las devastadoras tormentas en el sur mataron por lo menos a 318 personas, principalmente en Alabama. Pero se estima que el número de víctimas aumentará.
Los funcionarios de servicios de emergencia de Alabama dijeron ayer que en el estado han sido confirmadas 228 muertos por los tornados y 1,700 heridos. Hubo además 33 muertes en Misisipí, 34 en Tennessee, 15 en Georgia, cinco en Virginia, dos en Luisiana y una en Kentucky.
Los daños que dejaron los tornados que azotaron el sureste de Estados Unidos esta semana podrían costar entre 2,000 y 5,000 millones de dólares a las empresas aseguradoras, estimó ayer la firma estadounidense Eqecat, especializada en la evaluación de riesgos.
Desalentador panorama
La situación es grave unos 144 kilómetros (90 millas) al norte en la arrasada aldea de Hackleburg, Alabama, donde las autoridades conservan los cadáveres en un camión refrigerado y faltan bolsas para guardarlos. Por lo menos 27 personas murieron en esa población y continúa la búsqueda de desaparecidos.
El único supermercado, el cuartel de los bomberos y la comisaría de policía, además de la escuela, quedaron destruidos. No hay electricidad, teléfono, agua ni otros servicios. El jefe de los bomberos, Steve Hood, dijo que son necesarias linternas en esta comunidad de 1,500 personas porque no quiere que los vecinos usen cirios que podrían ocasionar incendios. “Ni siquiera disponemos de agua para apagar los incendios”, agregó.
Mientras recorría Tuscaloosa, Obama observó escenas de una comunidad profundamente deformada por los tornados, con árboles desencajados y casas demolidas. Un joven le dijo que vio volar escombros a su alrededor y que tuvo suerte al salir ileso, con la excepción de algunas cortaduras y moretones. “Es una bendición que estés aquí”, le dijo el Presidente.
“Lo sorprendente es que cuando ocurre algo como esto olvidamos las pequeñeces que nos separan”, añadió el mandatario después de hablar con el gobernador de Alabama, Robert Bentley, y el alcalde de Tuscaloosa, Walt Maddox.
El mandatario aseguró que Tuscaloosa se reconstruirá como ejemplo y con orgullo.