04/04/2026
07:26 PM

Renán, toda una vida tras las letras y el periodismo

Tulio Renán Martínez Hernández es un maestro de las composiciones periodísticas que redacta desde hace 27 años con tal de llevar la noticia a Honduras y al mundo entero gracias a Diario LA PRENSA.

No pudo cumplir su sueño de estudiar Letras, pero es un maestro de las composiciones periodísticas que redacta desde hace 27 años con tal de llevar la noticia a Honduras y al mundo entero gracias a Diario LA PRENSA.

Sentado frente a la grabadora, Tulio Renán Martínez Hernández asume el papel que pocas veces ha tenido en sus 66 años de vida, y como entrevistado, no como entrevistador, empieza a compartir algunas de sus muchas anécdotas y secretos que lo han llevado a convertirse en uno de los periodistas de medio escrito más experimentados del país.

Un poco nervioso al principio, más relajado después, este villanovense recuerda su infancia. “Era un pueblo donde todos nos conocíamos, nos íbamos a divertir a la plaza pública donde ahora está el parque. Ya de adolescente, la diversión era en el cabildo donde se celebraban los bailes. Era una casa de madera, de dos plantas, con corredores de barandales que eran adornados con palmas de manaca para las festividades y cuyo olor hacía resaltar los perfumes de las muchachas que llegaban”.

Al observarlo y escucharlo, se hace fácil deducir que el carácter de Nan, como se le conoce de cariño, proviene de sus padres. De Juan Antonio Martínez, un hombre de Ocotepeque que se vino en busca de oportunidades en la Costa Norte y que al final se radicó en Villanueva, obtuvo el cariño para manejar las letras y a las mujeres. “Aunque no había pasado por las aulas de un colegio, a mi papá le gustaba escribir y hacía versos que incluso fueron publicados en LA PRENSA. El tenía un Manual de Urbanidad que siempre nos leía para que nos condujéramos bien en la vida”.

De Raymunda Hernández, una villanovense de descendencia patepluma, logró la calma que caracteriza su actuar y que él refuerza con jovialidad, excelente sentido del humor y creatividad única para la poesía. “Mamá era muy callada y observadora. Muy tenaz y con criterios propios sobre la vida. Fue una buena madre dedicada a su hogar y a mis cinco hermanos”.

Tras graduarse como maestro en la Escuela Normal de Varones de Tegucigalpa, gracias a una beca, Renán empezó una búsqueda de su verdadera vocación.

“Para mí la Escuela Normal fue la mejor universidad porque tuve a los mejores maestros, como Ventura Ramos Alvarado, quien me inició en la lectura, me estimulaba a que leyera y siempre leía los libros que llevaba en la bolsa de su saco”.

La transición

Pero a pesar de las ganas de seguir estudiando Letras, Renán tuvo que volver con su familia, a la que sólo veía una vez al año, en vacaciones, y tras un viaje por tierra de ocho horas. Lo hizo por las limitaciones económicas y porque a sus 21 años lo nombraron maestro de primaria en la escuela José Trinidad Cabañas de San José del Boquerón en San Pedro Sula. “En esa escuela sólo estaba la maestra Alicia Dueñas, ella era empírica y como yo me había graduado, me tenía que encargar de la dirección y ella quedó como auxiliar. Luego logré que se asignara a otra maestra graduada”.

Pero la educación no llenaba la vida de un escritor en busca de más letras que las de una pizarra. “Me sentía bien en la escuela, pero me faltaba algo. Yo quería estar con mi familia y seguir estudiando”.

Entonces se abrió el Centro Universitario Regional del Norte, pero por la lejanía y por otras distracciones, Renán dejó pasar esa oportunidad de volver a las aulas. “Además, la única carrera que estaba era Administración de Empresas y yo nunca he sido bueno con los números, ni para la administración. No tenía estímulo porque lo que a mí me gustaba eran las letras o algo relacionado”.

Sin rumbo pasó por las fincas bananeras de El Progreso y Santiago, donde intentó ser encargado de empaque. “Ese trabajo tampoco iba conmigo porque aunque me estaban preparando, era un trabajo de imponer mando y yo no tenía esa preparación. Yo estaba muy incómodo y decidí venir a San Pedro Sula con la idea de estudiar”.

A sus 30 años, la vida lo acercó al departamento de cobranzas de la Alcaldía de José Fernández Guzmán, y posteriormente a uno de publicidad de un medio escrito. “No era periodista. Yo vendía publicidad y durante las ferias a las que íbamos en los pueblos me gustaba hacer entrevistas, especialmente a las reinas. También tuve otras colaboraciones que se publicaron”. Cuatro años después, buscó una oportunidad junto a su hermano Juan Antonio en su agencia publicitaria Publismart. “Fue muy difícil porque en el medio ya había muchos monstruos. El negocio decayó y finalmente cerró”.

El hallazgo

Y como el que busca encuentra y el que persevera alcanza, la vida dio un giro en 1983. “Desde Villanueva empecé a enviar colaboraciones a LA PRENSA sobre los hechos que sucedían. Me había sobrado una cámara y una máquina de escribir, que si las tuviera hoy fueran reliquias. Yo no era corresponsal, no lo hacía por ganar nada, sino por probarme”.

Wilmer Pérez Regalado, jefe de Redacción, y posteriormente Mirta Torres de Mejía, le abrieron las puertas al talento que tocaba la puerta con mucha pasión. “Una vez vine a dejar escritos y Mirta preguntó quién era el tal Tulio Renán Martínez. Me presenté y me dijo: Quería hablar con usted porque escribe mejor que un montón que tengo acá. Ella entonces me propuso encargarme del grupo de corresponsales”.

La prueba

Ordenar, corregir y en algunos casos reescribir las notas que llegaban desde varios sectores del país era el trabajo. “Al siguiente día yo esperaba una inducción o algo, pero Mirta me vio parado y me mandó a la calle a buscar noticias. El fotógrafo Max Lemus era la única cara conocida en la sala de Redacción, y me recibió con simpatía mientras los demás me recibieron con recelo, aunque todos éramos empíricos. Entonces él me dijo que fuéramos al hospital Leonardo Martínez. Trajimos varias historias y a Mirta eso le gustó”.

Con el primer paso bien dado, vino entonces una entrevista con Camilo Rivera Girón a raíz de que el Campo Agas había denominado su exposición juniana con el nombre del empresario, quien también era socio de LA PRENSA. “Fue con Raúl «el Pibe» Morales, uno de los más veteranos del periódico, que hicimos la entrevista y luego de escribirla en un pequeño cubículo que no era mío y que tenía que estar vigiando para poder escribir, la entregué. Al siguiente día vino la felicitación de doña Mirta: ésa es la entrevista que quería y lo retrata perfecto. Fue mi primera entrevista de importancia”.

A las siguientes semanas llegó la prueba de fuego: cubrir la guerra interna en El Salvador. “Era buscar contacto con los guerrilleros, con el Ejército y tener a Honduras informado. La primera vez, también con el Pibe, fue muy difícil. Fue hasta la segunda o tercera vez que fuimos que los pudimos entrevistar en un territorio liberado.

Era peligroso, nos pedían papeles, pero poco a poco ganamos su confianza e incluso nos permitieron ver a los niños que entrenaban. También vimos el campo adonde tenían a los lisiados, hicimos la historia del cirujano sin quirófano que atendía en el monte, y estuvimos durante un desalojo en el que incluso el Ejército nos acusó de haber ayudado a los guerrilleros, aunque eso no era cierto.

Esa vez, periodistas que estaban con el Ejército, nos sugirieron que saliéramos del lugar para evitar ser acusados por los comandantes militares de ayudar a los rebeldes, de decomisarnos el material o de ocasionarnos un accidente en la carretera. Entonces nos regresamos a Honduras, llegamos en la noche y cansados, sobre la hora de cierre; hicimos parar la impresión para sacar la historia de la retirada de los rebeldes al siguiente día en primera plana”.

Tras entrevistas con los rebeldes y con los presidentes José Napoleón Duarte y Armando Calderón Sol se cerró con broche de oro esa misión.

Atrás había quedado el joven con sueños de escritor y se había afianzado el periodista que avanzaba con la frente en alto, con astucia, sagacidad y sacrificio por un mundo de historias que navegar.

Con la experiencia acumulándose, con un medio de comunicación líder en constante evolución al igual que el periodismo, y tras otros cubrimientos importantes -como la entrevista con el ex presidente guatemalteco Marco Vinicio Cerezo- Renán fue encargado de editar suplementos como Guía Médica -semanal- y La Revista -dominical-. “Hacía entrevista con los médicos, logré conocer mucho del tema y percibí que los médicos siempre son más sinceros que los políticos. Además, logré hacer un trabajo de beneficio para los lectores porque en los artículos mostraba los problemas que se pueden generar por los excesos. LA PRENSA era una herramienta de prevención para los médicos y de información para los lectores”.

Cumpliendo el sueño

Pero con la insatisfacción personal de años antes borrada, el periodista buscó lo que siempre había anhelado: lograr un título universitario en lo que le gustaba. “Entré a la Universidad motivado por tres mujeres: mi esposa Lourdes, la licenciada María Antonia Martínez de Fuentes, directora de LA PRENSA- y María Antonia Suazo”.

Renán logró finalmente graduarse en Comunicación Social y Publicidad de la Universidad de San Pedro Sula y ahora imparte las clases de Técnicas de Redacción y Fotografía. Además ha participado en seminarios en la Universidad de La Florida con instructores como Ruth Merino, y en varios cursos nacionales. “Así como el periodismo va cambiando, el periodista debe irse adaptando. Es importante que el periodista sepa que tenemos una herramienta que impone retos como Internet”.

La entrevista se acaba, la hora de cierre se acerca y el periodista, que al igual que muchos otros celebrará su día este martes, debe regresar ante la computadora para pensar, juguetear con sus lentes, buscar datos en la libreta, hacer preguntas a sus periodistas o tocar el bolígrafo que siempre está listo para escribir.

“El periodismo me ha dado muchas satisfacciones, así ahora esté fuera del campo de batalla para estar en la edición dentro de la sala de redacción y estemos expuestos a la agonía de la hora de cierre todos los días. Me siento realizado trabajando como periodista, nunca me imaginé ser uno de ellos y de repente me pasó. Me gusta escribir y mostrar las historias humanas detrás de las noticias. Todas las personas tienen una historia que contar y las noticias se ilustran mejor con los relatos de la gente. También me gusta recibir la opinión, los consejos o las felicitaciones de la gente”.

Para los que empiezan, Renán es un libro del que se debe aprender porque enseña sobre los sueños, el sacrificio, la constancia, la entrega, la pasión, la diversión, la responsabilidad y el peligro que encierra el noble y simple arte de cubrir noticias.

Perfil

Nombre: Tulio Renán Martínez Hernández

Nacimiento: 29 de julio de 1944

Lugar: Villanueva

Esposa: se casó en 1991 con Lourdes Alvarado.

Hijos: Lourdes Vanessa e Isis Aída de último matrimonio. También Mauricio, Edwin, Carlos Roberto, Perlita, Verónica, Frederick y Juan Alberto.

Padres: Juan Antonio Martínez y Raymunda Hernández.

Hermanos: Juan Antonio, Edgardo, Reyna Elsa, María Luisa y Francis

Comida: curiles e iguana en coco

Amigo: Raúl Villalta, aunque no quiero que se resientan los otros.

Equipo: no tengo uno, pero me molestan y me piden resultados.

Periodista referencia: Ventura Ramos

Algo para cambiar: haber desaprovechado una beca para estudiar Literatura en la Escuela Superior del Profesorado FM en Tegucigalpa.
Errores: muchos, como todo el mundo.