El domingo 10 de febrero, Andrés García Fernández no esperaba pasar del anonimato a ser conocido por el hallazgo que realizó en el patio de su casa mientras excavaba un hoyo para construir un pozo séptico.
Saltó a la fama no sólo nacional, sino internacional.
El más grande temor de él y su familia es ser despojados de la casa donde han vivido 10 años.
También le preocupa ser despedido de su trabajo por los días faltados para estar presente durante las labores del personal del Instituto Hondureño de Antropología e Historia, Ihah.
'El lunes fallé al trabajo, pero el martes me hice presente con una carta de las autoridades de Antropología. Mi jefe me dijo que si no me quedaba trabajando, estaba despedido', manifestó Andrés con la preocupación reflejada en sus ojos azules. No es para menos, pues tiene dos hijos de ocho y siete años a los que debe alimentar.
'La vida está muy crítica para quedarse sin trabajo, pero lo que se ha hallado en mi casa es de gran magnitud', aseveró. La familia García Díaz vive en una humilde casa de dos plantas, de madera rústica. Andrés y su familia esperan con la fe en Dios que les ayuden a terminar de construir la casa donde viven.
Envían muestras
La osamenta fue totalmente descubierta y, según los expertos, por la contextura se trata de un hombre de 1.70 metros.
Ayer, el antropólogo y director regional del Ihah, Aldo Zelaya, dijo que los restos de cerámica encontrados serán trasladados a Copán para ser analizados por el experto francés René Viel a fin de saber a qué cultura perteneció. Se espera que el personal de Antropología saque hoy la osamenta para trasladarla a la oficina regional del Ihah en La Lima.