17/05/2024
07:12 PM

El susto

Jorge Montenegro presenta: El susto

    En el mundo entero existen personas que mientras duermen se sobresaltan y gritan angustiosamente como si algo malo les estuviera sucediendo, a esa situación se le llama en América Latina, el mal del susto, aunque en realidad se trata de terribles pesadillas.

    Voy a contarles lo que le sucedió a la señorita Julia, vecina de Copán. Un agente de la Fusep -Fuerza de Seguridad Pública-, se había enamorado de la muchacha y la asediaba constantemente, se trataba de un hombre de poca cultura, agresivo, terco y malo. Cuando había algún problema en la comunidad agarraba a golpes a los hombres que lo originaban y los llevaba detenidos cobrándoles multas para quedarse con el dinero.

    Julia estaba atemorizada por los constantes ataques verbales de aquel hombre que prácticamente la amenazaba: -Mirá mamacita si no sos mía, ya deberías de tomar la medida del ataúd. Los papás de Julia cuando se dieron cuenta de la situación tomaron medidas radicales, decidieron trasladar a su hija a la ciudad de San Pedro Sula donde una hermana de la mamá, la tía Sara. La joven estaba afectada sicológicamente, era presa de ataques de nervios, se imaginaba que aquel hombre la encontraba sola y la violaba. Bien hicieron los papás en llevarla a la Capital Industrial del país.

    Cuando el agente se dio cuenta de lo sucedido, citó a la posta a don Aníbal -que así se llamaba el papá de Julia-, y dentro de una celda lo golpeó salvajemente preguntándole que dónde había llevado a la muchacha; fue entonces que don Aníbal le mintió diciéndole que la llevó a Tegucigalpa, -donde un hermano mío que vive en el barrio Sipile. El perverso policía mantuvo dos días encerrado al pobre hombre. La tía Sara recibió bien a su sobrina y comenzó a aconsejarla para que tuviera paz en su corazón.

    Cuando llegó la noche, doña Sara llevó a su sobrina a dormir a su cuarto, había ahí dos camas y pronto se acomodaron, estuvieron platicando de la familia, ambas mujeres se quedaron dormidas. De repente Julia se sentó sobre su cama y gritó. ¡No, no me mate, no me mate! La señora despertó asustada y de inmediato trató de calmar a su sobrina. -Tuviste una pesadilla Julia, calmate, confía en Dios que no ha pasado nada, sólo fue un sueño. La muchacha logró calmarse y la tía Sara se pasó a dormir con ella. A partir de aquel momento todas las noches Julia se levantaba sobresaltada por aquella terrible pesadilla, pero ahí estaba la tía Sara preparada con agua bendita y otras cosas que le aplicaba sobre la cabeza a la muchacha, es el mal del susto, decía.

    Una noche en sueños, Julia vio al agente de la policía con una pistola en su mano derecha, llegó a reclamarle. -¡Ya te dije que si no sos mía te voy a matar! Acto seguido descargó el contenido de su pistola sobre el cuerpo de Julia, ella gritó sobresaltada, la tía Sara la auxilio e inmediatamente la muchacha le contó la pesadilla y se desplomó sin vida.

    Los restos mortales de la bella joven fueron sepultados en Copán; lo que todos ignoraban es que el malvado agente que se había enamorado de Julia, visitó a una bruja de aquel lugar descendiente de los mayas, mujer que sabía secretos muy oscuros, le dijo al hombre que si esa muchacha no era de él, ella la mataría con brujería, con el mal del susto. En la familia de la muchacha todos comentaban que había muerto del corazón por la impresión que le causó una pesadilla recurrente, todos ignoraban lo que en realidad le había acontecido a Julia.

    Seis meses después de la muerte de la joven, el agente llamado Agripino, temido por los vecinos de aldeas y pueblos cercanos a Copán, donde cometía toda clase de abusos, mientras contaba el dinero de las multas impuestas sintió que alguien tocaba a la puerta de la celda, se extrañó porque no había ningún preso, se levantó y fue a ver. -Debe de ser mi imaginación-, dijo, -mejor sigo contando mi pistillo je, je, je, je. Regresó a su silla y de nuevo tocaron la celda, esta vez se quedó sentado porque no pudo levantarse, una fuerza extraña no lo dejaba moverse. Minutos después aquel hombre estaba aterrado, no sabía lo que pasaba.

    En horas de la tarde cuando regresó de hacer sus pillerías se acostó cansado y quedó mirando el techo, luego se durmió profundamente. A medianoche se despertó sobresaltado y se tiró de la cama, de una gaveta sacó una pacha de aguardiente y se tomó un trago, estaba sudando de pies a cabeza.

    Al siguiente día fue a buscar a la bruja descendiente de los mayas y le dijeron que había muerto. Durante una semana estuvo desesperado, sobresaltado hasta que finalmente le contó a un amigo lo que le sucedía, -no me lo vas a creer pero estoy soñando con la finada Julia, -¿y qué soñás para que te dé tanto miedo?, preguntó el amigo. El agente respondió: -Sueño que me mata.

    Un día viernes por la tarde se encontró en la calle con don Aníbal y le dijo: -Mire don Aníbal, le voy a advertir algo, si usted me está haciendo brujerías para que yo mire a su hija en sueños lo voy a matar, si hoy por la noche me asusta otra vez esa hija suya, tenga la plena seguridad que mañana sábado usted es cadáver. A don Aníbal se le reveló que así había muerto su hija, por las brujerías del agente, no dijo nada y se fue para su casa, donde comentó el incidente con su familia.

    El agente se acostó con su pistola en la mano y se durmió. Era la medianoche cuando vio en sueños a Julia con un machete en su mano, trató de detenerla, pero la joven lo embistió pegándole varios machetazos, de inmediato se despertó y vio horrorizado que tenía varios machetazos, trató de pedir ayuda y no pudo, cayó muerto sobre su cama.
    Cuando encontraron el cadáver la gente comentó que alguien había llegado a matarlo porque era un hombre muy malo, tenía catorce machetazos. El único amigo que tenía el malvado policía fue quien contó la historia y aseguró que los machetazos le llegaron desde el más allá.