Eran las siete de la mañana cuando el bus circulaba, a vuelta de rueda, en medio de la bruma mañanera, procedente de la Universidad Pedagógica Nacional. En la colonia El Periodista, sector de Calpules, al este, lo abordé y a placer escogí el asiento porque era el primer pasajero.
En ese mismo momento el chofer, un hombre joven, encendió la radio y puso música suave, quizá para no sentirse aburrido. Un poco más adelante siguieron abordando la unidad personas de todas las edades, más que todo mujeres con niños pequeños y en brazos.
La ruta 2, tal vez la más larga de San Pedro Sula, recorre la ciudad de punta a punta, desde La Pradera hasta La Primavera, junto a las faldas de la montaña El Merendón, más o menos a quince kilómetros en línea recta. Sin embargo, esta distancia se extiende al triple con las vueltas que dan, como trompo, estas unidades de transporte.
Para dar una idea, desde la colonia El Periodista al centro de la ciudad un autobús tarda 50 minutos, el mismo tiempo que normalmente utiliza una persona en su carro particular para llegar, por ejemplo, a Puerto Cortés, Santa Rita de Yoro, Trinidad o Quimistán, en el departamento de Santa Bárbara. Para cubrir la vuelta completa necesitan dos horas.
El viaje es tenso, aburrido y, además, condimentado por los constantes sobresaltos causados por los frenazos temerarios y arrancadas violentas del conductor cada vez que un pasajero sube o baja.
Como los usuarios conocen esta conducta, es común que al subir corran a asirse de cualquier tubo o asiento con tal de no dar de narices con los demás ocupantes. En estos casos es común que los niños, ancianos, mujeres embarazadas o con recién nacidos sean auxiliados por otras personas de buena voluntad, quienes, no siempre, que conste, les ceden el asiento.
Primer chequeo
Los pasajeros no han terminado de subirse al bus y los conductores arrancan. Deben agarrarse bien o se caen. Los ancianos son los que más se quejan.
La causa de este cambio imprevisto es que como atrás venía conduciendo lentamente, diríase perdiendo el tiempo, el chofer ya lleva 'la aguja pegada', dicho en su argot, y entonces cada segundo cuenta.
Una vez marcada la tarjeta de control pareciera que el motorista se relaja y transmite ese mismo estado de ánimo a los pasajeros. Uno o dos minutos más tarde, arranca de nuevo con la misma lentitud, como arrastrando sus desgracias, tal vez por el hecho de estar sentado allí diez horas a fin de conseguir, en el caso de esta ruta, el 14 por ciento de los pasajes del día, un promedio, en días malos, de 250 lempiras.
Poco después estamos frente al JTR, donde los estudiantes que han llegado a matricularse o hacer exámenes de recuperación abordan haciendo alarde de su juventud. Lo censurable es que suben como manada de acémilas desbocadas, riendo y profiriendo malas palabras. 'Ajá vos, ¿qué pedo?', es el saludo inicial al compañero, y luego vienen otras expresiones de baja estofa: 'Hey vo, no me pongas esa cosa en las nalgas. Ya casi me estás violando...'… 'Esa rola (canción) me llega', 'He vo, maje, fijate que ‘La China’ ya tiene mariachi, pero dicen que no se le paraguay'. Las sandeces huelgan, mientras los demás usuarios sólo escuchan sin hacer comentarios.
El radio del bus, a estas alturas, pasó al perreo, al rock, pop, bachata y reggaetón y aquello se convierte en un infierno. 'Pelame la yuca mami…', 'Yo te culeo…mujel… culeo, culeo, culeo…', 'Tú me incendias… mujel', imagino que se trata de algún grupo puertorriqueño, mientras los muchachos repiten la letra de la 'rola' con gran precisión.
El busero, en tanto, echa vistazos constantes por el retrovisor mientras conversa con una de las chicas que casi le cae en la espalda. Los choferes, presumo, se sienten como héroes en ese momento y empiezan a contonearse en el asiento, a 'lucirse' con giros violentos, a veces sin hacer alto en las bocacalles del barrio Medina. Atrás sigue la 'tronadera' de los estudiantes.
'Son cosas de una juventud desorientada que no lee un libro, no estudia y sólo ve telenovelas', comentó don Arnulfo Villeda, de unos 60 años, mi compañero de asiento en ese instante, quien poco después se bajó en el mercado Medina-Concepción.
Hay muchas personas que prefieren viajar en los buses grandes porque van más cómodos aunque comunmente son blanco fácil de la delincuencia.
En este punto la intensidad del ambiente ha descendido, pues la mayoría de los colegiales se bajó atrás, en los barrios más populosos de San Pedro Sula: Cabañas y Medina. Lo que no cambia es la nueva premura del conductor. Con el pie en el acelerador permanentemente y frenazos imprevistos se abre paso por la siete calle sureste, entre nubes de taxis, troqueros, rapiditos, vendedores ambulantes, compradores, carretoneros y buses de otras rutas hasta llegar a la primera avenida, rumbo norte. Esta arteria es, tal vez, la más transitada de la ciudad ya que no menos de veinte rutas de transporte pasan por allí.
La bocina ronca del bus no cesa cuando la gente baja en medio de un lodazal, casi al frente del hotel San Pedro. Cuando el pito no funciona, el motorista da a conocer su prisa a las demás unidades dando acelerones continuos y colocando la unidad casi rozando la del frente.
Esta situación se presenta sobre todo en el punto de Metrocentro, primera avenida, primera calle, donde las autoridades han tenido que colocar agentes de tránsito para evitar el abuso de los choferes que se estacionan hasta en el centro de la avenida con tal de arrebatarle un par de usuarios a la competencia, camino a los barrios Guamilito y Acacias, unas veinte cuadras más adelante.
Aquí no hay ancianos que se salven porque el conductor va de nuevo 'con la aguja pegada' y debe marcar tarjeta de nuevo. 'Vamos abuela, póngale', grita, mientras pisa a fondo el acelerador. Raudo, cruza la segunda avenida noreste y toma rumbo oeste por la novena calle hacia el barrio Guamilito.
En la ruta 2 al motorista le 'perdonan' 45 minutos de retraso a la semana, si excede ese tiempo le quitan el bus por uno o dos días como castigo. 'Pero esos 45 minutos se nos pueden ir en un día desafortunado', dijo uno de los choferes, que no quiso dar su nombre. En otras rutas, como la 1, 7 y 4, los multan con 20 lempiras por cada minuto de retraso. De Guamilito subimos por el bulevar Morazán hasta la Universidad Católica, luego el bus giró a la izquierda, subió al barrio Río de Piedras y giró hacia el Instituto Tecnológico de Electrónica y Electricidad, Itee, colonia Trejo, donde subió una docena de estudiantes y con ellos su alharaca.
Un nuevo periplo había comenzado hacia el nudo que forma el transporte colectivo en el centro de la ciudad. Cuando me bajé cerca de diario La Prensa, empecé a silbar inconscientemente la última bachata de la radio: 'Sólo por un beso…' del grupo dominicano Aventura.
Modalidad
Aunque el bus ya iba lleno, la señora y su hija se subieron por la parte trasera de la unidad.
1. Cambios de unidades
Debido a que la mayor parte del día transitan 'vacíos', los empresarios están dejando a un lado los buses y los pasan a rapiditos.
A profundidad
1. Dueños de buses ni siquiera conocen nombres de choferes
Excluyendo a la ruta 2, que a criterio del ex director de Transporte Allan Aguiriano es la que presta el mejor servicio a los sampedranos y lleva un estricto control de los motoristas, los propietarios de otros corredores urbanos 'no saben siquiera cómo se llaman sus choferes.
2. Buses de ruta son unidades reclicladas de EUA
La mayoría de los buses, por no decir todos los grandes que circulan en San Pedro Sula, más de 500 aproximadamente, se adquiere de segunda mano en Estados Unidos a escuelas o colegios cuyos directores obligan a sus dueños a cambiarlos cada cinco años.
3. Cursos de capacitación solo se imparten cuando hay accidentes
Aunque Tránsito y Asomproh han iniciado campañas de capacitación para conductores de buses grandes y rapiditos, casi siempre retoman los cursos de prevención y buen trato al pasajero cuando uno de ellos, ya sea conductor de rapidito o bus grande, protagoniza un accidente que termina en tragedia.
Molestia de los usuarios
Son nefastos, bruscos y ordinarios. El gobierno local debería hacer algo, pero que se vea acción. Exigimos buen trato y respeto'.
Ronald Estrada
Técnico farmacéutico
La Policía debe controlar esta situación. Los conductores se paran en cualquier lado y viajar en horas pico es un infierno'.
Felipe Ponce
Comerciante
Ni los pobres niños se salvan de esas bestias. Los de la ruta 1 son los peores y todos en general nos roban nuestro cambio'.
Sergio Santos
Agente aduanero
Son más que asaltantes, si las personas no están atentas nunca les devuelven el cambio. Quien sabe cuánto roban al mes. Son unos bárbaros'.
Waldina Briones
Estudiante
Pocos son los choferes y ayudantes conscientes. La mayoría son ordinarios y no respetan a los ancianos. Arrancan sin esperar a que se sienten'.
Blanca Lara
Estudiante
Hay demasiados buses en la ciudad y ni aún así tratan bien a los usuarios. Es injusto lo que están haciendo, alguien debe controlarlos'.
Gladys Ortiz
Colegiala
