18/02/2024
10:54 PM

Deportaciones bajan 37%, pero la migración de hondureños sigue

Algunos cruzan la frontera con Guatemala pese a que Estados Unidos ha reforzado las medidas contra los indocumentados.

Corinto, Cortés, Honduras.

“Empacó un par de camisas”, como dice la canción del guatemalteco Ricardo Arjona, además, dos pantalones, unos pares de calcetines, unos calzoncillos y con estas pocas piezas llenó la pequeña mochila negra que, según él, lo acompañará en una travesía de más de 2,600 kilómetros.

El sol aún no había salido. A las cuatro de la mañana, su hijo de cuatro años todavía dormía y su mujer, después de servirle el café, lo despidió con mirada de tristeza y resignación que se traslució en sus ojos llorosos.

Con el corazón hecho pedazos y con un nudo en la garganta, porque sabía que corría el riego de no volver a ver a su hijo que dormía, Edwin Javier Romero (de 24 años) tomó la mochila y un suéter “para soportar el frío”.

Esta es la cuarta vez que Romero, de contextura sumamente delgada y tez trigueña, se lanza a la aventura de conquistar el buscado insistentemente sueño americano.

Foto: La Prensa

Bayron Hernández abordó un microbús en la frontera para ingresar en el territorio guatemalteco y seguír al día siguiente la travesía.
Alrededor de las 5:00 am dejó su aladea San José de La Mora, del municipio de Vallecillo, Francisco Morazán. Después de 10 horas, diluidas en esperas y dentro de buses, Romero llegó a donde él creía que comenzaría a sentir su condición de extranjero, a la frontera con Guatemala.

A las 3:00 pm, Romero presentó su tarjeta de identidad en la oficina de Migración de Corinto, Cortés, y colocó cuatro dedos de la mano derecha sobre el escáner del sistema biométrico para registrar ante las autoridades su salida de Honduras.

“Voy a intentar otra vez. Esta será la cuarta. La última vez me deportaron de Monterrey, México”, recuerda.

Romero abordó un microbús cerca de la aduana con la idea de dormir en Puerto Barrios, Guatemala, y al día siguiente tenían planeado viajar hasta la frontera con México.

Foto: La Prensa

Edwin Romero realizó el trámite migratorio y registró en Corinto su salida del país.
“Me voy por necesidad. Soy caficultor, tengo una manzana de café, pero no da para alimentar a la familia. La situación económica está difícil”, justifica.

Esta vez -cree Romero- logrará cruzar la frontera estadounidense. “Ya conozco el camino y no creo que necesite un coyote”, argumenta.

Minutos después, Bayron Hernández (de 22), vestido con un buzo negro y una camiseta negra del equipo de fútbol Juventus de Italia, llegó a la aduana y realizó el mismo trámite migratorio para, luego, estrenarse en la aventura.

“Es la primera vez que hago el viaje. Tengo dos niños, una niña de ocho meses y un niño de tres años. Mi mamá no sabe que yo voy para Estados Unidos”, explica.

Foto: La Prensa

Mientras Luis Santos, deportado, regresaba a Colón.
El viernes, este joven, que ha vivido en El Ocotillo, San Pedro Sula, decidió marcharse al darse cuenta otra vez que los L1,300, recibidos como pago semanal por recolectar chatarra solo servían para pagar las interminables deudas.

“Lo que gano es muy poco, en nada se va. Un amigo tuvo que prestarme L3,000 para hacer este viaje”, ejemplifica.

Atención
1. Cumple dos años de servicio en Omoa, Cortés
Desde 2015, el Gobierno y la Cruza Roja mantienen abierto el Centro de Atención de Migrante Retornado en Omoa para recibir a hondureños deportados por México.
2. Ofrece alimentación, techo y medicinas
El centro de atención de Omoa les ofrece alojamiento temporal, alimentación y asistencia médica a los deportados.
Todos los días, por las aduanas, como la de Corinto, y por lugares donde no hay autoridades migratorias, salen decenas de hondureños hacia EUA sin sopesar las medidas que el Gobierno de Donald Trump ejecuta contra los emigrantes indocumentados.

Sin embargo, hay otros hondureños que después de varios intentos y de deportaciones reiteradas finalmente abandonan la idea de viajar al norte.

“Yo vine deportado y voy para Sabá, Colón. Ya no voy intentar. Las cosas están yuca (difíciles) en México y Estados Unidos. En México hay secuestradores y delincuentes que le piden $100 en el tren, son puros salvadoreños, hondureños y mexicanos. Los mismos hondureños nos joden a nosotros”, lamenta Luis Antonio Santos (de 38), padre de dos hijos (de 17 y 14 años).

Foto: La Prensa



La semana anterior, las autoridades migratorias de México lo detuvieron en Tonalá, Chiapas, y lo deportaron a Omoa. Anteriormente, el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) lo detuvo en McAllen, Texas, y lo regresó a Tegucigalpa.

Deportados, como Santos, han llegado a Honduras (de México y EUA) 29,102 entre enero y agosto de 2017, un 37.4% menos que en igual período de 2016 (46,461 personas).

Particularmente, “ha bajado el flujo de hondureños retornados de México. Estamos atendiendo unos 15 buses a la semana, antes llegaban cinco buses al día, 180 personas diarias”, dice Mario Ávila, director del Centro de Atención del Migrante Retornado (CAMR) de Omoa.

México es el país que históricamente ha deportado a más hondureños. Desde enero de 2015 hasta agosto de 2017 ha devuelto 120,351; mientras que EUA solo ha regresado 53,502. “Creemos que debido a las medidas que ha tomado México con el Plan Frontera Sur menos hondureños están viajando a EUA”, considera Ávila.