Ya no tienen que pararse en las esquinas exponiéndose a las temibles redadas de Migración que los hacían huir como cuando un cazador va tras su presa.
Desde hace cuatro años se concentran en las instalaciones de la iglesia Presbiteriana Southside en Tucson que les abrió sus puertas para que cuenten con un centro de colocación de empleo. El programa se denomina “Day Labor” y beneficia a todos los inmigrantes y los empleadores que a diario buscan a jardineros, carpinteros, albañiles, fontaneros y personal de limpieza para trabajar en sus casas.
El día que LA PRENSA visitó la iglesia habían 20 indocumentados de El Salvador, México, Guatemala y Honduras. Todos aguardaban pacientes con la esperanza que alguien les diera trabajo.
El programa “Day Labor” funciona así: Cada uno recibe un número que determina el orden en el que serán contratados conforme a las personas que buscan sus servicios y que llegan al lugar. Los voluntarios de la iglesia ayudan para garantizar que los trabajadores, a pesar de no tener papeles, reciban un salario justo.
Algunos logran conseguir empleo todos los días; otros en cambio cuando el reloj marca las diez de la mañana apagan sus esperanzas de ganar unos dólares para sobrevivir ese día y se marchan.
Aunque hay días malos, en promedio cada uno de los migrantes que llega al centro, asegura que semanalmente trabajan de tres a cuatro días, lo que les permite obtener los fondos necesarios para su comida y el pago de renta.
Temporadas buenas, otras, no tanto
Para hallar trabajo hay que madrugar. Para los jornaleros inmigrantes el día comienza antes de las 5:30 de la mañana, porque a esa hora ya deben estar frente al centro de colocación de la iglesia si quieren lograr algo.
A esa hora también llegó el equipo de LA PRENSA. Algunos tomaban café y pan que los buenos samaritanos les regalan cada mañana.
Al vernos nos preguntaron: ¿De dónde vienen? De Honduras les dijimos, dos de ellos se nos acercaron y nos dijeron: Son paisanos. Uno era de Tegucigalpa y el otro de Santa Rosa de Copán. Llevan tres años viviendo en Tucson y han encontrado en el centro de trabajo la única oportunidad que tienen para encontrar un empleo.
“Aquí no hay sueños, son pesadillas, éste es un trabajo de suerte, las cosas se han puesto bien duras y tener chamba es difícil. Si no fuera este centro creo que nadie nos daría empleo. Aquí vienen porque la misma iglesia nos recomienda y la gente nos ayuda. Con la helada que hubo en el invierno todos tuvimos empleo porque todas las plantas se quemaron y logramos trabajar”, manifestó José Isidoro Arita, originario de Copán.
En el centro oran, reciben charlas de liderazgo, derechos humanos y se capacitan en diversos oficios que los propios miembros de la iglesia semanalmente les enseñan. La mayoría de migrantes no se queda en Arizona. Su meta es llegar a otros Estados donde las leyes son menos severas.