Asfixió a sus tres hijos y dijo que una "voz oscura" le exigió que lo hiciera
La mujer está acusada de quitarle la vida a sus hijos de 5 y 3 años y a su bebé de ocho meses. Sus abogados alegan que sufría una grave enfermedad mental
- Actualizado: 30 de agosto de 2026 a las 14:00 -
El juicio contra Lindsay Clancy, acusada de matar a sus tres hijos en la vivienda familiar de Duxbury, Massachusetts, se convirtió en uno de los procesos judiciales que más debate ha generado en Estados Unidos. Aunque la autoría de las muertes y la forma en que ocurrieron no están en discusión, el punto central del proceso es determinar hasta qué grado la acusada podía comprender y controlar sus actos cuando cometió los crímenes.
El caso se remonta al 24 de enero de 2023. Ese día, Clancy llevó a sus tres hijos, Cora, de 5 años; Dawson, de 3; y Callan, de ocho meses, al sótano de la casa. Según los hechos expuestos durante el proceso, los asfixió utilizando bandas elásticas de ejercicio. Después subió al segundo piso, se provocó heridas y saltó desde un balcón en un intento de quitarse la vida. Sobrevivió a la caída y quedó con graves lesiones.
Cuando Patrick Clancy, entonces esposo de Lindsay y padre de los menores, regresó a la vivienda, encontró a su esposa herida. Al preguntarle dónde estaban los niños, ella respondió: «En el sótano». Los dos hijos mayores murieron ese mismo día, mientras que el bebé falleció tres días después como consecuencia de las lesiones.
Clancy se declaró no culpable de los tres homicidios. Su defensa no ha intentado cuestionar que ella haya cometido las muertes, sino demostrar que padecía un trastorno mental que le impedía ser considerada penalmente responsable. La estrategia de sus abogados se fundamenta principalmente en el diagnóstico de psicosis posparto, además de antecedentes de depresión y ansiedad.
Durante las audiencias se expuso que Clancy había recibido atención de numerosos profesionales de la salud mental y que en los días anteriores a los asesinatos se habían registrado incluso dos llamadas a centros de atención para personas con pensamientos suicidas. La defensa sostiene además que el tratamiento que recibió pudo haber agravado su condición. Según esta postura, la combinación de medicamentos y la falta de coordinación entre los profesionales que la atendieron contribuyeron al deterioro de su estado mental.
Uno de los elementos más controvertidos del juicio es el testimonio de la propia acusada sobre una supuesta voz masculina que, según afirmó, le ordenaba matar a sus hijos. Clancy declaró que creía que debía hacerlo para protegerlos. Después de despertar en el hospital, recibió la visita de un capellán y le manifestó: "Estoy contenta de que mis hijos, por fin, estén a salvo".
La fiscalía, sin embargo, cuestiona que esa voz haya existido. El fiscal señaló que no encontró registros médicos previos al crimen en los que Clancy hubiera informado a sus médicos que escuchaba voces. También sostiene que la manera en que se desarrollaron los hechos demuestra que hubo planificación. De acuerdo con la acusación, Clancy habría enviado a su esposo a comprar comida y a pasar por una farmacia, aprovechando el tiempo en que él permaneció fuera de la vivienda para ejecutar el plan. La fiscalía también considera significativo que haya establecido el orden en que atacó a sus hijos.
Durante el proceso declaró el psicólogo forense Kirk Heilbrun, presentado por la fiscalía. El especialista consideró que Clancy podía ser responsabilizada penalmente y sostuvo que sus acciones mostraban premeditación. Según su valoración, el cuadro de la acusada se acercaba más a un trastorno bipolar acompañado de depresión grave y pensamientos suicidas que a una psicosis posparto. El testimonio, sin embargo, fue duramente cuestionado por la defensa. El abogado preguntó a Heilbrun por su experiencia específica en depresión y psicosis posparto y consiguió que reconociera que no se especializaba en esas patologías. También salió a relucir que su último trabajo escrito sobre el tema databa de 1982, un episodio que debilitó, al menos durante la audiencia, la percepción sobre su experiencia en este tipo de casos.
En medio de la disputa sobre la responsabilidad penal existe también una postura particularmente significativa: la de Patrick Clancy. Aunque perdió a sus tres hijos, el hombre ha defendido públicamente a su exesposa y ha rechazado describirla como una persona monstruosa. "La Lindsay real era una mujer adorable, generosa y cariñosa con todo el mundo", declaró Patrick. Incluso presentó una demanda contra los psiquiatras que trataron a Lindsay, al considerar que hubo fallas en la atención que recibió.
La madre de Patrick también compareció como testigo de la defensa. Describió los cambios que había observado en Lindsay durante los meses anteriores a la tragedia y habló de ansiedad, depresión, insomnio y de los efectos que, a su juicio, estaba teniendo la medicación psiquiátrica. El debate jurídico no se limita, por tanto, a establecer qué ocurrió aquella tarde, sino a determinar cuál era el estado mental de Clancy y si ese estado elimina o reduce su responsabilidad criminal. El caso incluso ha reavivado una discusión más amplia sobre la manera en que el sistema de justicia estadounidense debe abordar a madres con enfermedades mentales que causan daño a sus hijos.