Desafió al presidente y terminó muerto en una bolsa: "Bendito Menor", el capo que sembró terror entre millones
Se creyó "rey" de una región a través de las armas y fue capaz de publicar mensajes desafiantes contra el presidente del país, pero fue localizado y abatido junto a su esposa, alias "Bebecita"
- Actualizado: 08 de septiembre de 2026 a las 10:04 -
Naín Andrés Pérez Toncel, alias “Bendito Menor”, murió a los 26 años después de convertirse en uno de los rostros más visibles de una nueva generación de delincuentes en Colombia, caracterizada no solo por el control de negocios ilícitos y el uso de la violencia, sino también por la exhibición de sus actividades y lujos en las redes sociales.
Su muerte fue confirmada la noche del jueves 3 de septiembre, luego de un operativo de la Policía en Riohacha, La Guajira, que terminó con la muerte del joven cabecilla, su pareja, Rosa Angélica Tarazona, conocida como “la Bebecita”, y otros dos integrantes de su estructura criminal. El procedimiento contó con apoyo del FBI y fue ejecutado por comandos especiales de la Policía.
“Bendito Menor” tenía bajo su mando las operaciones de narcotráfico, extorsión y sicariato de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN), conocidas también como “los Pachenca”, en La Guajira. Su muerte representa el final de una carrera criminal que, pese a haber comenzado cuando apenas tenía 19 años, lo llevó en pocos años a ocupar uno de los principales puestos dentro de esa organización.
De acuerdo con fuentes judiciales, Pérez Toncel inició como sicario de “los Pachenca” en La Guajira. Para entonces, la organización, surgida en Santa Marta, había extendido sus operaciones hacia La Guajira y Cesar, donde disputaba al Clan del Golfo el control de actividades relacionadas con el narcotráfico y la extorsión.
La estructura sufrió una transformación después de la muerte de su fundador, Jesús María Aguirre, alias “Chucho Mercancía”, abatido en una operación policial en 2019. A partir de entonces pasó a identificarse como Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada y amplió su presencia desde los entornos urbanos hacia zonas rurales, además de fortalecer conexiones criminales en el Caribe.
En medio de esa disputa, “Bendito Menor” comenzó a ganar reconocimiento dentro del mundo criminal por su participación en varios homicidios. Esa trayectoria le permitió acercarse al círculo de confianza de los principales jefes de la organización: los hermanos Carmen Evelio, Fredy y Danilo Castillo Carrillo, conocidos respectivamente como “Muñeca”, “Pinocho” y “Menor”.
La caída progresiva de varios integrantes de la cúpula de “los Pachenca” abrió espacio para que mandos medios asumieran posiciones de mayor responsabilidad. En 2024, José Pérez Villanueva, alias “Cholo”, identificado como jefe militar de la estructura, le habría encomendado a Pérez Toncel el control de los negocios criminales en La Guajira.
Desde esa posición, “Bendito Menor” quedó al frente del frente Javier Cáceres, una estructura que, según las autoridades, estaba integrada por unos 170 hombres armados y que tenía presencia principalmente en Riohacha, Albania y Maicao.
Su organización mantenía enfrentamientos tanto con el Clan del Golfo como con una facción local conocida como “los Jota Jota”. A “Bendito Menor” las autoridades le atribuyeron homicidios múltiples, secuestros y extorsiones que afectaron a comerciantes de la región y provocaron, según los reportes oficiales citados en el expediente, el desplazamiento forzado de unas 80 familias.
También habría establecido un sistema de cobros para los narcotraficantes que utilizaban las costas de La Guajira para sacar cargamentos de cocaína. El reporte de la Dijín señala que cobraba 100 dólares por cada kilo custodiado y 500 dólares adicionales por el despacho de la droga en lanchas rápidas.
Su expediente judicial incluía cinco órdenes de captura por delitos como homicidio agravado, secuestro, extorsión y concierto para delinquir agravado. Además, era buscado mediante una Circular Roja de Interpol. Entre los hechos investigados figuraba el secuestro, tortura, asesinato y posterior desmembramiento de un adolescente venezolano de 16 años, ocurrido en diciembre de 2025.
Pero “Bendito Menor” no se limitó a operar desde las sombras. Cuando ya ocupaba una posición de mando dentro de la organización, comenzó a utilizar las redes sociales para mostrar públicamente una vida marcada por el dinero, las armas, los vehículos de lujo y las fiestas. Junto con su pareja, “la Bebecita”, creó perfiles en Instagram, Facebook y TikTok en los que mostraban parte de ese estilo de vida. Las publicaciones incluían armas automáticas, ropa camuflada, automóviles de alta gama, bebidas costosas y caravanas de motocicletas por carreteras de La Guajira y Magdalena.
Las autoridades llegaron a describirlos como una especie de “influencers del crimen”, debido a la manera en que utilizaban las plataformas digitales para proyectar una imagen de poder y desafío. También eran frecuentes las fiestas privadas con DJ, mujeres contratadas para entretenimiento y cantantes de vallenato, eventos a los que, según el relato conocido por las autoridades, solo podían acceder integrantes de la organización e invitados seleccionados.
La trayectoria de “Bendito Menor” tuvo además un episodio relacionado con los acercamientos del Gobierno colombiano a las estructuras armadas. En 2025, durante la administración de Gustavo Petro, recibió el estatus de negociador de paz en el marco de los intentos por establecer una mesa de diálogos sociojurídicos con “los Pachenca”.
Como consecuencia de ese proceso, las órdenes de captura que estaban vigentes en su contra fueron suspendidas. Sin embargo, las negociaciones no llegaron a consolidarse antes del final del gobierno de Petro. El panorama cambió de manera radical con la llegada del nuevo gobierno. El 9 de julio, el presidente electo Abelardo de la Espriella declaró objetivo militar a “Bendito Menor”.
Lejos de ocultarse, el cabecilla respondió públicamente. En redes sociales publicó un video en el que aparecía realizando maniobras en una motocicleta de alto cilindraje, mientras circulaba por una carretera cercana al mar en la Alta Guajira. En esa publicación aseguró estar “melo” y acompañó las imágenes con el mensaje: “Mi patria va más allá de simples palabras, porque mi patria es mi firma”.
Posteriormente apareció con una camiseta blanca que llevaba estampadas en letras rojas las palabras “anti Abelardo”. También publicó un video en el que se burlaba de unos balones de fútbol entregados por De la Espriella a niños afectados por el terremoto del 10 de agosto. En la grabación, el delincuente puso uno de los balones dentro de una olla como parte de un supuesto “sancocho de balón”, en una acción que fue interpretada como una provocación directa contra el mandatario.
Fuentes cercanas al jefe de Estado citadas por el medio señalaron que las publicaciones generaron molestia en De la Espriella y que este habría exigido a los altos mandos de la Fuerza Pública resultados contra el cabecilla. La respuesta de las autoridades llegó semanas después. En la noche del 3 de septiembre, unidades especiales de la Policía ejecutaron un operativo en una vivienda de Riohacha con apoyo del FBI.
Los comandos ingresaron al inmueble donde se encontraba “Bendito Menor”. El procedimiento terminó con la muerte del cabecilla, de “la Bebecita” y de otros dos subordinados. Con ello terminó la carrera del joven que había pasado, en apenas siete años, de ocupar el papel de sicario a dirigir una estructura armada con decenas de hombres y controlar negocios criminales en distintos municipios de La Guajira.
Su muerte también puso fin a la trayectoria de un personaje que convirtió la exhibición del poder criminal en parte de su identidad pública: un joven buscado por las autoridades por homicidios, secuestros, extorsiones y concierto para delinquir, pero que al mismo tiempo utilizaba las redes sociales para mostrarse ante miles de seguidores entre armas, motocicletas, vehículos de lujo y fiestas. A pesar de su corta edad, “Bendito Menor” había conseguido convertirse en uno de los principales mandos de las ACSN. Su ascenso terminó, sin embargo, de la misma manera violenta en que se desarrolló buena parte de su carrera: durante un enfrentamiento con las autoridades, en una operación que puso fin a su control criminal sobre parte de La Guajira.