Polvo del Sahara: cómo viaja desde África hasta Honduras y qué efectos provoca
De acuerdo con estimaciones de la Nasa, el polvo puede recorrer unas 1,600 millas, equivalentes a aproximadamente 2,575 kilómetros, o más cuando llega a regiones del Caribe. ¿Por qué puede afectar la salud, pero es tan necesario para los ecosistemas?
- Actualizado: 29 de junio de 2026 a las 10:57 -
Aunque parece imposible que una nube de polvo pueda cruzar un océano completo, cada año millones de partículas minerales salen del desierto del Sahara, en África, y viajan miles de kilómetros hasta llegar al Caribe, Centroamérica y otras regiones del continente americano.
En Honduras, el Centro Nacional de Estudios Atmosféricos, Oceanográficos y Sísmicos (Cenaos), de Copeco, informó que el polvo del Sahara continúa presente en el país, con concentraciones cercanas a 12 microgramos por metro cúbico, en medio de condiciones mayormente secas durante la mañana y lluvias débiles por la tarde en algunas regiones.
El fenómeno se produce cuando el calentamiento extremo del desierto levanta grandes cantidades de polvo hacia la atmósfera. Luego, esas partículas quedan atrapadas en una masa de aire caliente, seca y polvorienta conocida como Capa de Aire Sahariana. Esa capa puede avanzar hacia el oeste impulsada por los vientos alisios, cruzar el Atlántico Norte y alcanzar el Caribe y Centroamérica. En la imagen, un modelado en 3D de cómo captan el polvo los satélites de la Nasa.
La Nasa ha documentado que, en promedio, los vientos y las condiciones meteorológicas levantan alrededor de 182 millones de toneladas de polvo cada año y lo transportan más allá del borde occidental del Sahara. Parte de ese material cae en el océano durante el trayecto, pero otra porción continúa su recorrido sobre el Atlántico hasta alcanzar el Caribe, Centroamérica y Sudamérica.
De acuerdo con estimaciones de la Nasa, el polvo puede recorrer unas 1,600 millas, equivalentes a aproximadamente 2,575 kilómetros, a través del Atlántico antes de depositarse en otras regiones o ser arrastrado por la lluvia. En algunos eventos, las nubes de polvo avanzan todavía más hacia el Caribe, Centroamérica, el Golfo de México y zonas del continente americano.
La NOAA explica que la Capa de Aire Sahariana se forma sobre el desierto durante el final de la primavera, el verano y el inicio del otoño. Se trata de una masa de aire muy seca y cargada de polvo que puede modificar temporalmente la atmósfera del Atlántico, afectar la visibilidad, influir en la calidad del aire y, en ciertas condiciones, limitar el desarrollo de tormentas tropicales al introducir aire seco en la región.
Según la Nasa, el Sahara es la principal fuente de polvo mineral que llega al Atlántico. Es el desierto cálido más grande del mundo y se extiende por el norte de África, donde las altas temperaturas, los suelos secos y los fuertes vientos favorecen que grandes cantidades de partículas sean levantadas hacia la atmósfera. Una vez suspendido, ese polvo puede incorporarse a una masa de aire caliente, seca y polvorienta conocida como Capa de Aire Sahariana.
En Honduras, sus efectos suelen sentirse con mayor frecuencia entre junio y agosto, meses en los que este transporte de polvo es habitual en la región. Su presencia puede coincidir con días más secos, ambiente brumoso y una reducción temporal de las lluvias, debido a que la masa de aire sahariana es cálida y seca.
El polvo también puede afectar la salud, principalmente en personas con asma, alergias, enfermedades respiratorias o cardiovasculares, adultos mayores, niños y mujeres embarazadas. Las partículas más pequeñas, conocidas como PM2.5 y PM10, pueden ingresar al sistema respiratorio y provocar irritación en ojos, nariz y garganta, tos, dificultad para respirar o agravamiento de síntomas previos.
Sin embargo, el polvo del Sahara no solo tiene efectos negativos. En su viaje, también deposita minerales como hierro y fósforo sobre el océano Atlántico y zonas tropicales. Estos nutrientes ayudan al crecimiento del fitoplancton marino y contribuyen a fertilizar suelos en regiones como la Amazonía.
Además, la Capa de Aire Sahariana puede influir en la actividad ciclónica del Atlántico. Su aire seco, cálido y con fuertes vientos puede dificultar la formación o intensificación de algunas tormentas tropicales, aunque sus efectos pueden variar según las condiciones atmosféricas de cada momento.
El fenómeno, por tanto, forma parte de los ciclos naturales de la atmósfera. Para Honduras, su impacto suele ser temporal, pero obliga a mantener vigilancia sobre la calidad del aire y a proteger especialmente a los grupos más vulnerables mientras la nube de polvo permanece sobre el territorio nacional.