“Perdonar es el valor de los valientes. Solamente aquel que es bastante fuerte para perdonar una ofensa, sabe amar”. Alguna vez te traicionaron, te jugaron sucio bien sea en el matrimonio o el noviazgo. ¿Te está doliendo la herida? ¿Quieres perdonar y no puedes? ¿Estás tentado de empezar a pagar con la misma moneda? Lo más seguro es que llegues a pensar que fuiste un tonto o una tonta, y que eso no te lo vuelven a hacer nunca más.
Las más grandes traiciones
“Amo a mi esposa, pero me engañó” o viceversa, esto puede atormentar todos tus días, pero para poder vivir y poder perdonar debes dejarlo todo atrás, realmente olvidarte de todo sinceramente. Ahora la pregunta infaltable: ¿Qué hago? ¿Y si lo (a) perdono y lo vuelve a hacer? Para todos estos y más conflictos te presentamos tres actitudes:
1. La primera opción es mantener la distancia, queremos sentirnos protegidos y asegurarnos que no volverá a lastimarnos. Es la natural.
2. La segunda opción es pagar los platos rotos con personas que no tienen nada que ver con el asunto. Empezamos a contaminar a otros. Es la carnal.
3. La tercera opción es perdonar y entregar esa herida a Dios. Él es el único que puede sanar, restaurar y renovar nuestras convicciones y nuestra actitud con los demás. Es la espiritual.
Pero la mejor de todas las opciones es la tercera ya que si hay verdadero perdón y una verdadera paz interior, todo volverá a la normalidad. Las heridas son oportunidades para crecer y madurar en la vida.
La única salida
El perdonar no es una opción, es una orden divina para poder experimentar libertad en las relaciones y en la vida. Es un proceso que podría tomar un tiempo donde se busca reestablecer la confianza, y para hacerlo se requiere compromiso de cambios y responsabilidad. No dejes que las heridas te limiten en tu potencial ni cercenen tus sueños. Tú puedes cambiar tu desierto en paraíso si estás dispuesto a perdonar, amar y seguir tu vida.
¡Hazlo ahora!
Hoy es el mejor día para perdonar y ser sanado de toda herida. Es tiempo de vivir la vida extraordinaria. Es dar abundantemente, entregarse hasta el extremo. El poeta Werner Bergengruen ha dicho que el amor se prueba en la fidelidad y se completa en el perdón. El perdón trata de vencer el mal por la abundancia del bien. Es por naturaleza incondicional, ya que es un don gratuito del amor, un don siempre inmerecido. Antes, mucho antes que el agresor busque la reconciliación, el que ama ya le ha perdonado. Perdonar es un acto de fortaleza espiritual, un acto liberador. Es un mandamiento y además un gran alivio. Significa optar por la vida y actuar con creatividad.
El perdón no es un simple mecanismo para liberar de culpa a quien nos ofendió, el perdón es un mecanismo para que yo sea libre de la amargura que dejó esa acción en mi corazón. Es muy importante saber, que el perdón no exime de culpa al ofensor, sino que libera al ofendido. Usted y yo necesitamos perdonar para ser libres de las heridas del alma.
Al perdonar tomamos la decisión de ya no traer al presente las cosas pasadas, incluso nos mantenemos firmes en la decisión de no criticar, ni agredir a la persona que nos ofendió, sea libre de una vez por todas y empiece a perdonar.