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Ruta 504: Obreros de la identidad hondureña

  • Actualizado: 05 junio 2011 /

Tal vez para muchos suene exagerada la frase anterior y para otros no sea más que la estricta verdad.

Tal vez para muchos suene exagerada la frase anterior y para otros no sea más que la estricta verdad. Pero cuando estoy en el campo y tomo café en una taza de barro o me cubro del sol con un sombrero de junco, no puedo menos que pensar que estos objetos utilitarios simplemente me definen como hondureño.

Petates de Santa Bárbara, papel de banano de San Juancito, muñequitas de tusa de La Pintada, en Copán, o pulseras de coco en Tela… añada a la lista, amable lector, todos esos objetos de ornamento o utilitarios que ha usado a lo largo de su vida y se dará cuenta de que esos artículos hechos por manos desconocidas lo han definido a usted también. ¿O no?

Las artesanías son elaboradas aquí y allá usando los productos naturales típicos de cada zona. En Santa Bárbara se confeccionan artesanías de junco (Carludovica palmata), tule (Cyperus canus) y tusa de maíz (Zea mays). En Amapala se trabajan las conchas de mar y los misquitos utilizan la corteza del tuno y el majao para hacer papel, cuadros y bolsas. En Intibucá se hacen cántaros, ollas y sartenes con barro blanco, mientras que en La Campa se trabaja con barro al que se le da un toque “colorado”.

Según un estudio del Instituto Hondureño de Antropología e Historia en años recientes, los artesanos hondureños utilizan cerca de 74 especies distintas de plantas, arbustos y árboles para curtir cueros y fabricar canastos, tambores, lazos, bolsos, petates, arpones, sombreros, vestuarios y hasta techar casas. Sin olvidar todos los baúles, cuadros, llaveros y otros productos de madera (muy de la zona de Valle de Ángeles).

Cada planta o grupo de plantas crece en zonas específicas; de ahí que cada artesano se convierte en un representante de ese ecosistema y, por tanto, de esa cultura. En esencia, cada artesano es un embajador de su tierra.

Por supuesto, es imposible dejar a un lado todo lo que representa la artesanía en términos económicos para estos anónimos portadores de cultura e identidad nacional. Ciudades como Valle de Ángeles o Santa Bárbara reciben enormes ingresos por la fabricación y la venta de las artesanías. O basta citar el caso del mercado Guamilito en San Pedro Sula para darnos cuenta de la importancia monetaria de este sector.
Más allá de los números existe un concepto que determina cabalmente a los artesanos: son los obreros que construyen nuestra identidad. No lo olvide.