La corrupción sofoca el crecimiento económico

Los programas anticorrupción deben adaptarse a los requerimientos específicos de cada empresa, sugiere la directora de Comunicaciones de Fundahrse

Claudia Díaz, directora de Desarrollo Institucional y Comunicaciones de Fundahrse
Claudia Díaz, directora de Desarrollo Institucional y Comunicaciones de Fundahrse

San Pedro Sula, Cortés.

La corrupción representa una amenaza seria para el estado de derecho y el desarrollo sostenible en todo el mundo.

Tiene un efecto desproporcionado y destructivo sobre los pobres y los más vulnerables, pero también es, simplemente, nociva para los negocios.

La corrupción sofoca el crecimiento económico, distorsiona la competencia y presenta graves riesgos legales y para la reputación.

Las prácticas corruptas son perjudiciales para todas las empresas grandes, pequeñas, multinacionales y locales.

Los escándalos empresariales han sacudido los mercados financieros y menoscabado la confianza de los inversores.

Esos incidentes también reciben una enorme atención de los medios de comunicación y afectan la reputación organizacional.

El sector empresarial debe establecer medidas eficaces para evitar que la corrupción, la responsabilidad de la lucha contra la corrupción y el fraude debe recaer en la alta dirección si se quiere erradicar esta práctica.

Para prevenir y combatir la corrupción de manera eficaz se necesita comprender y evaluar los riesgos que puede enfrentar una empresa. Esa evaluación permite identificar los riesgos y asignarles prioridad.

Los riesgos de corrupción difieren entre las empresas de acuerdo con sus características como son el tamaño, la estructura, las operaciones geográficas o el modelo comercial, también dependen de las operaciones internas de las empresas, como la contratación, las ventas y la comercialización.

Los programas anticorrupción deben adaptarse a los requerimientos específicos de cada empresa.

Identificando y evaluando los riesgos inherentes relacionados con la corrupción, las empresas tienen que determinar el mejor plan de acción para afrontar y minimizar estos riesgos.

La primera opción debe ser tratar de reducir los riesgos a través de un conjunto de actividades de mitigación como, por ejemplo:

  • Código de conducta y política anticorrupción.
  • Mayor supervisión de la gestión para la contratación de servicios y proveedores.
  • Capacitación y sensibilización personalizada sobre los fundamentos y la importancia del programa.
  • Controles internos de tipo administrativo.

Un programa anticorrupción efectivo ofrece una base firme para combatir la corrupción en el entorno empresarial. Sin embargo, las empresas podrían enfrentar el riesgo de ser rebasadas por otros competidores que no observan las mismas normas anticorrupción.

Las empresas también pueden tener que hacer frente a solicitudes o extorsiones relacionadas con la corrupción por parte del sector público (lado de la demanda).

Una manera en que las empresas pueden abordar esos riesgos es involucrarse en actividades de “acción colectiva” con otros aliados que pueden enfrentar los mismos desafíos.

La acción colectiva es un proceso colaborativo y sostenido de cooperación entre las partes interesadas, aumenta el efecto y la credibilidad de la acción individual, convierte a los actores individuales en una alianza de organizaciones con ideales similares.

La acción colectiva puede complementar o temporalmente reemplazar y fortalecer las leyes y prácticas anticorrupción locales.

Con la acción colectiva, las empresas de todos los tamaños pueden convertirse en agentes del cambio con respecto a las políticas y los procedimientos anticorrupción, estimulando los esfuerzos de los sectores privado y público por reducir la corrupción y participar de forma efectiva.

Claudia Díaz, directora de Desarrollo Institucional y Comunicaciones de Fundahrse