Madres que luchan contra pronósticos médicos y una que sobrevivió al abuso sexual infantil abren su corazón

Jasmín Ortiz de Tejada, Fiama Aldama y Lidia Meza son ejemplo de que el amor de mamá es incalculable e incondicional.

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San Pedro Sula, Honduras.

El amor incondicional de una madre es llevado al siguiente nivel con las historias de estas tres madres hondureñas que han enfrentado momentos de angustia y han sanado cicatrices del pasado para sacar adelante a sus hijos sin importar las circunstancias.

Jasmín Ortiz de Tejada (31), Fiama Aldama (29) y Lidia Meza (55) abrieron su corazón con Diario LA PRENSA. Cada una tiene una historia diferente, pero comparten el alma de guerreras y la bendición de ser madres.

Dos de ellas han vivido la terrible angustia de ver a un hijo sufrir por una condición de salud y la tercera es sobreviviente de abuso sexual infantil; sin embargo, con la ayuda de Dios sostiene que logró salir adelante.

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En el caso de Ortiz, además de ser mamá es maestra y emprendedora en su negocio Superburgues, una idea que surgió para recaudar fondos para su pequeña María Fernanda de cuatro años que sufre de un problema en el colon.

"Mi niña fue diagnosticada con estreñimiento crónico (condición incurable que hace que la niña se llene de heces). Cuando comenzó la pandemia, como todos, tuve que trabajar desde casa, ahí comencé a notar que María Fernanda no iba al baño de manera regular".

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Jasmín Ortiz y su pequeña María Fernanda en sus primeros meses de vida.



A partir de ese momento, todo cambió en la vida de la familia Tejada Ortiz, porque no solo se trataba de la pandemia, algo pasaba con la salud de su hija. Las visitas a los médicos se volvieron cada vez más frecuentes para entender qué pasaba con la pequeña María Fernanda.

"Comenzamos a hacerle exámenes aquí en Honduras, estuvo hospitalizada y fue al quirófano dos veces y nada funcionada. Así mismo, los fondos se iban acabando y tenía temor de llevarla a un hospital público por la incertidumbre del Covid-19".

El espíritu de lucha y el amor por su pequeña la inspiraron para crear Superburgues, un negocio de venta de alitas, hamburguesas y más, con el objetivo de recaudar fondos para su niña.

"Me considero una madre trabajadora y no pensaba quedarme de brazos cruzados, así que comenzamos a hacer noches benéficas, rifas y a tocar todas las puertas necesarias con tal de luchar por la vida de mi hija".

Al no encontrar respuestas en la medicina hondureña, decidieron viajar el 22 de marzo al hospital de Puebla, México para realizarle una rehabilitación intestinal.

"Aquí solo nos decían que había que cortarle parte del colon, pero en México estaba la oportunidad de hacerle este tratamiento que le permitía una mejor calidad de vida. Comenzamos a solicitar ayuda nuevamente a través de las redes sociales y a trabajar por nuestra cuenta para reunir los fondos".

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A sus cuatro años ha pasado dos veces por el quirófano.



Ortiz se quiebra y rompe en llanto al recordar el enorme apoyo que recibieron de compatriotas dentro y fuera del país, que sin conocerlos decidieron aportar para la salud de María Fernanda. "La gratitud que sentimos es enorme, Dios se los va a pagar. Es impresionante toda la ayuda que hemos recibido. María Fernanda recibió su tratamiento y ha evolucionado muy bien".

Ortiz expresó que sin Dios y la ayuda de los cientos de personas nada hubiera sido posible. "Este ha sido un proceso largo, ha habido momentos terribles en los que he llorado y cuestionado, pero si alguien está pasando por una situación similar, recuerda que no estás solo, lleva a Dios tus cargas, pídele con fe y él abrirá puertas".

Actualmente María Fernanda se encuentra estable y continúa con su tratamiento, rodeada del amor de sus padres que anhelan verla crecer y desarrollarse. "Ella es nuestra luz y motor para seguir luchando".

Madre e hija vencieron pronósticos médicos

A los seis meses de gestación Fiama Aldama (29), periodista deportiva, sufrió de preeclampsia severa (una complicación del embarazo caracterizada por presión arterial alta y signos de daños en otro sistema de órganos, más frecuentemente el hígado y los riñones) por lo que tuvieron que inducirle el parto.

Su hija Maya Flamenco (5) nació de seis meses y pesó tan solo una libra y media. Tras el parto, ambas fueron llevadas a la unidad de Cuidados Intensivos del Instituto Hondureño de Seguridad Social (Ihss). Aldama sufrió síndrome Hellp (Elevación de enzimas hepáticas, trombocitopenia; generalmente se desarrolla antes de la semana 37 del embarazo, pero también puede aparecer después del parto).

"Estuve 14 días en coma inducido y más el tiempo de recuperación, pasé alrededor de dos meses en el Ihss". La dieron de alta, pero su corazón se quedó en el hospital, ya que la pequeña Maya debía continuar internada.

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Fiama Aldama y su hija Maya Flamenco.



"Le hicieron dos operaciones, una traqueotomía y una sonda gástrica; sin embargo, los médicos no le daban posibilidades de vida".

La fortaleza de Maya, seguro heredada de su madre, a quién tampoco le daban posibilidades de vida tras complicaciones del parto, sorprendió a todo el personal.

Cinco meses después fue dada de alta y por fin entregada al cuidado de su madre. A pesar de que el camino ha sido duro, angustioso y muchas veces incierto, Maya ha demostrado ser toda una guerrera que llena de luz a quienes tienen el honor de conocerla.

"Con los recursos que tenía viajé a México, junto a mi niña para que le retiraran la traqueotomía y se logró mediante el uso de láser, solo le queda la sonda que debe ser retirada".

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La pequeña Maya necesita ayuda para una operación de cierre de gastronomía si desea apoyar escriba al número 3359-8297.

"Mi hija sigue luchando y mientras ella lo haga, yo también. Ella está aquí por un propósito".

Superó un abuso sexual infantil, un divorcio y sacó adelante a su hija

Se dice que una de las etapas más bonitas en la vida del ser humano es la niñez; pero este no fue el caso de Lidia Meza (55) pastora de una iglesia y economista agrícola. "Abusaron sexualmente de mí a la edad de nueve años. Vivía con miedo, tenía constantes pesadillas, desmayos y me volví retraída".

El primer abusador fue un pariente que llegó a vivir a la casa de sus padres y el segundo, un vecino alcohólico.

"Me levantaba en las noches gritando y me desmayaba si alguien se me acercaba de repente.
Mis padres estaban preocupados por esos desmayos y creo que era mi una forma de perderme de la realidad. Nunca les dije por qué tenía miedo y me llevaron a hospitales para tratarme con psicólogos y psiquiatras".

Meza relató que es la tercera de seis hermanos y que mientras ellos salían a jugar, ella prefería quedarse en casa cerca de su mamá, pues se sentía aterrada.

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Lidia Meza junto a su hija Lidia Maria Claros.



"Mi madre me decía anda juga, pero yo solo me sentía segura a su lado". Los abusadores la amenazaban diciéndole que dañarían a su familia si hablaba de lo que pasaba.

Superar las secuelas del abuso ha sido una de las pruebas más grandes que ha enfrentado. A pesar de todo venció el rechazo hacia el sexo opuesto, se casó y tuvo una hija, Lidia Maria Claros.

"En lo natural no puedes nunca superar este tipo de traumas, los consejos de los médicos ayudan, pero el trauma sigue ahí. Quien me sacó de esto fue Dios, le entregué mi vida y mis dolores y mis amarguras y me di cuenta en el Salmo 103 que solo él es que rescata del hoyo tu vida".

Sin embargo, la vida le tenía preparada una prueba más, el divorcio. Cuando su hija tenía a penas un año se separó y emprendió el viaje de madre soltera. "Dios me permitió terminar mis estudios en la universidad y logré conseguir un empleo gracias a unas buenas personas. Mi hija estudió con becas, el Señor nunca nos dejó".

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Meza se casó con Thomas Lingenfelter, años después de vivir un divorcio.



Con el paso del tiempo Meza encontró nuevamente el amor junto a Thomas Lingenfelter, con quien comparte su vida hace 10 años y junto a quien lidera la iglesia Ministerio Apostólico Nido de Águilas en La Ceiba.

"Tengo el privilegio de desempeñar esta labor ya hace 30 años. Estoy sana totalmente y edificando la vida de aquellos que hoy quizás sufren de lo mismo que yo".

Meza aconseja a los padres a estar alerta del cuidado de sus hijos y sobre todo a fomentar la comunicación y confianza.

La Prensa