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Copán intenta resurgir de los golpes por la pandemia y de Eta y Iota

  • 24 septiembre 2021 / 19:16 PM /

Antes de la pandemia por covid-19, el parque arqueológico de Copán recibía unas 130,000 personas anuales, pero ahora planea llegar apenas al 40% del ingreso anterior.

copán ruinas. Una guacamaya que extendía sus alas para lucir esa atractiva combinación de plumaje entre rojo, amarillo, verde, azul y banco, propios de la maravilla divina, dio la bienvenida al parque arqueológico de Copán Ruinas, golpeado con fuerza por la pandemia de covid-19 y los fenómenos naturales Eta y Iota.

Por el confinamiento, a inicios de 2020, las visitas bajaron a cero, generando problemas operacionales y de subsistencia, porque las milenarias esculturas necesitan mantenimiento y cuidado constante, pero eso se logra con los ingresos.

Cerca de seis meses, esa riqueza histórica, cívica y natural estuvo guardada, los turistas hondureños y extranjeros no podían llagar, solo se escuchaba el silbido del viento que recorría el frondoso bosque con el aleteo de las enormes aves con sus gruñidos, como reclamando la falta de visitantes.

A medida el mundo se fue adaptando a las nuevas formas de vida, las autoridades del parque decidieron comenzar con el proceso de reapertura y en septiembre de 2020 dieron los primeros pasos con un protocolo de bioseguridad presentado al Sistema Nacional de Gestión de Riesgos (Sinager).

Apertura. Vistiendo una camiseta de tirantes y una gorra para protegerse del sol, Ángela Rodríguez, procedente de Madrid, España, iniciaba su recorrido después de pasar los controles de bioseguridad en la entrada.

“Vengo a conocer las ruinas mayas, pues nos han hablado mucho de ellas, muy bien sobre todo, y nada, estamos muy emocionadas de estar aquí y además tiene mucha energía que desde el primer momento en que entras se nota”, expresó mientras dos amigas más y el guía la esperaban.

La presencia de extranjeros ha ido aumentando con el paso de los meses, luego de la reapertura. El año pasado de cien turistas que llegaban 99 eran hondureños, situación que generaba pocos ingresos porque el pago es muy bajo.

Los precios se mantienen igual que siempre, para el nacional vale 80 lempiras la entrada, solo deben llevar el DIN, mientras que para los extranjeros es de 15 dólares, es decir, unos 360 lempiras y los niños menores de seis años no pagan.

Impacto. Antes de la pandemia, es decir, en 2019, se contabilizó el ingreso de 130,000 visitantes, entre hondureños y de otras nacionalidades, pero en 2020 no llegaron ni 30,000, situación que causó un severo impacto y retroceso económico, debido a que el parque es autosostenible.

Eliud Guerra, director del parque arqueológico de Copán Ruinas, explicó que no ha sido fácil el regreso, pero hay proyecciones positivas y esperan que a fin de este año puedan llegar al 40 por ciento de los ingresos de 2019.

Un sendero techado por la sombra de los enormes arboles donde se escucha el trinar de las aves y al fondo el murmullo del río Copán es la puerta de acceso a una aventura difícil de olvidar, llena de ancestrales creencias que se pueden palpar en las rocas que fueron talladas por la civilización maya. Han cambiado algunas cosas, explicó Guerra, para garantizar la bioseguridad de los visitantes y que realicen un recorrido placentero.

Ahora obligatoriamente se debe hacer un circuito en círculo, comenzando todos los turistas por la parte alta y finalizando por la plaza principal, donde están las estelas, para evitar encontrarse uno con el otro.

Frente a la estela de uno de los más reconocidos gobernantes mayas, 18 Conejo, Guerra detalló que al momento de ingresar es obligatorio el uso de la mascarilla, pero adentro, como el espacio es amplio y si hay distanciamiento, se la pueden quitar. “Este es uno de los pocos lugares abiertos del país donde la gente puede sentirse libre y caminar por los senderos con toda la familia”, expresó.

La capacidad del sitio es de 1,700 personas al mismo tiempo, pero nunca en temporadas buenas han alcanzado ese número; solo en Semana Santa hubo 1,200 personas en el transcurso del día, no de forma simultánea, entonces es un ambiente seguro. Una de las ventajas es que el Gobierno les ayudó con la pavimentación de la carretera, pero con el paso de los fenómenos naturales Eta y Iota, esta sufrió fuertes daños que deben ser resueltos.

Dificultades

- Con la llegada de la pandemia por covid-19 el personal del museo fue reducido, era una planilla de unas 35 personas del municipio que ayudaban con el mantenimiento. - Los problemas políticos de Guatemala también tiene incidencia porque el 85 por ciento del turismo extranjero llega por la frontera terrestre. - Los trabajadores del parque se quejaron que no les están cumpliendo a tiempo con el pago y han tenido que esperar más de dos meses.

Desde La Entrada, Copán, hasta Copán Ruinas, la carretera es de concreto hidráulico, pero con cantidades de derrumbes en los costados, en algunas partes está bloqueada y en otros tramos necesita embaulados para evitar que el agua pase por encima de la vía y la termine de dañar.

La crecida del río Copán no dañó el interior del parque, solo el cerco perimetral y parte del bosque, pero el Gobierno de Japón ya se comprometió en ayudarles en reconstruirlo con gaviones, para estar protegidos por los venideros fenómenos, informó el funcionario.

La pandemia no les permite que ofrezcan el cien por ciento de su atractivo turístico, ya que están cerrados los túneles que guardan exquisitas narraciones de templos y tumbas de los antiguos habitantes de esta civilización.

Octubre antes era una temporada baja, pero con el proyecto del gobierno de instalar la Semana Morazánica, las visitas se levantan a un nivel cercano del aforo de Semana Santa, por eso tiene fe que este año será provechoso. El año pasado la gente no asistió porque fue cuando impactaron los huracanes.