Entre las ruinas viven luego de tormentas en Honduras

“No tenemos nada, los huracanes se llevaron las paredes de nuestra casa. Tenemos miedo por el anuncio de huracanes en 2021”, dice damnificada en bajos de Choloma.

Choloma, Honduras.

Marisol Castillo (de 56 años) desearía que el daño que le causaron las tormentas Eta y Iota fuera solo un sueño, sin embargo, es una terrible realidad de la que ella y su familia aún no se levantan.

A cinco meses de aquella pesadilla, el anuncio de nuevos huracanes en 2021 profundiza su desesperanza y temores.

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De la que un día fue su casa en la que convivía con su esposo Miguel Ángel Barnica y sus hijas, en la aldea Banderas, en los bajos de Choloma, solo quedan tres paredes de pie.

“Después de las tragedias, los gobiernos solo arman comisiones, pero no invierten”

Andoni Cruz Romero, vicepresidente de Casmul

Están techadas parcialmente por pedazos de láminas en mal estado, por lo que para protegerse de la lluvia, tuvo que amarrar toldos plásticos en una parte descubierta, ya que no tiene ni un lempira para comprar láminas ni bloques. En la misma situación se encuentran 34 familias de esta comunidad del norte de Honduras.

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La fuerza del agua que inundó este sector, tras desbordarse el río Chamelecón, fue tal que la corriente arrancó las paredes y el piso de concreto de dos cuartos, las puertas, la fosa séptica, cocina y hasta los muros exteriores de la casa de Castillo.

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Parte de los escombros aún se divisan entre el lodo y la laguna de agua que permanece en los alrededores de las casas de la cuadra.

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Esa noche trágica del 4 de noviembre de 2020, se oyó el fuerte ruido provocado por el rompimiento del bordo de aldea Banderas y la población huyó hacia la carretera salida a sector Ticamaya para salvar sus vidas, lugar en donde permanecieron por semanas viviendo de la gente que llegaba a darles donaciones.

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“Regresamos el 23 de diciembre cuando bajó el agua porque teníamos que ver qué hacíamos. No había luz porque se arrancó un poste y, como soy presidenta de la junta de aguas llamé al alcalde para que nos donara este poste porque la Enee nos informó que hasta febrero sería posible”, comentó.

Sin embargo, esa fue la única ayuda municipal que recibió desde entonces la comunidad, en tanto que los representantes del Gobierno nunca aparecieron ahí “ni para dar promesas”, por lo que los habitantes de Banderas afirman que están “en el olvido”.

“No sabemos qué vamos a hacer.

Ni siquiera han venido a ver cómo reconstruyen el bordo de aldea Banderas, estamos solos y si hay otra llena nos tocará salir corriendo”, dijo.

“Sobrevivo vendiendo tortillas y a veces montucas, pero el dinero no es suficiente para reconstruir la casa. Antes de la pandemia mi esposo trabajaba como trailero, pero lo despidieron porque no podía presentarse por las llenas y desde entonces ha estado trabajando conmigo. Lo que le imploramos al Gobierno es que repare los bordos, solo acá tenemos cinco fracturas”, finalizó.

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En la aldea Higuero, también de los bajos de Choloma, la situación es igual o peor, pues el agua dejó viviendo en las ruinas al menos a 80 familias que subsisten en condiciones infrahumanas.

José Ángel Guillén (de 55 años) vive en las ruinas de una casa con su esposa Norma Suyapa y sus hijos José Ángel Guillén (10 años) y Norma Marilú (5 años). La familia de cuatro miembros perdió su casa desde los cimientos y está viviendo en la ruina de un vecino que decidió emigrar a Estados Unidos al ver el panorama.

“Yo me dedico a la agricultura y esto está mal luego de esas llenas, cuesta llevar comida a nuestra mesa. No puedo construir la casa porque no tengo nada de dinero, aquí el Gobierno no ha hecho nada, no han entrado a la comunidad y si hay nuevas llenas la única opción que nos queda es correr para ese cerro de nuevo”, dijo.

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José Estanislao Alberto Burgos (de 45 años), es otro habitante de los bajos de Choloma que perdió su casa. Luego de dos meses afuera y regresar para constatar que no quedaba nada de su propiedad, no tuvo otra opción que armar una galera de plástico entre la casa de su suegra y su cuñada, ubicadas en ese mismo sector. Ahora convive con su esposa Johana y sus hijos Alberto y Josué en un espacio menor a los tres metros cuadrados donde además tiene una refrigeradora, una cama, un ventilador y unas cobijas para pasar las noches.

“Yo trabajo en una finca de banano y no tengo nada de dinero para rehacer mi casa, por esa llena nos tocó salir huyendo sin nada. La situación es dura, pero la sobrellevamos como podemos por nuestros hijos. No tenemos a dónde ir, ojalá que la ayuda del Gobierno llegue a los bajos de Choloma porque no han entrado y además que cientos sobrevivimos entre las ruinas, las carreteras están en pésimo estado afectando la agricultura local”, finalizó.

La Prensa