26/06/2022
09:13 AM

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Recuperación

    La educación presencial es una de las prioridades del nuevo Gobierno en sus primeros cien días de administración que arrancan el 27 de enero, un anuncio que se aplaude cuando se revisan las cifras de niños y jóvenes que han quedado rezagados en medio de la parálisis del sistema golpeado por la pandemia. Y no bastará con ordenar el retorno a las aulas, sino asegurarse que las escuelas están en condiciones aceptables para recibir a los alumnos y que los maestros lleguen preparados para la nivelación que necesitan los menores para reponerse y avanzar.

    Para cumplir este propósito, la nueva administración debe también atender la rehabilitación de cientos de centros educativos en mal estado, sobre todo en las zonas impactadas por los huracanes de noviembre de 2020 que siguen abandonados, pero además tiene que hacer cumplir los programas de vacunación para proteger del coronavirus y sus variantes a los estudiantes. Dos temas claves para no volver al confinamiento ni a las clases virtuales que, está probado, no funcionaron en la educación pública.

    Lo que sigue es una educación de recuperación, como lo señalan maestros comprometidos con su misión de enseñar, profesores que saben que es imperativo que los niños regresen a las escuelas porque la pobreza y falta de tecnología dejaron a miles excluidos de las clases en los últimos dos años.

    Las estimaciones oficiales es de medio millón de menores que se retiraron por completo de la educación virtual y otro tanto que se conectaba de vez en cuando, sumados a unos 900,000 que ya estaban fuera del sistema antes de la pandemia, es decir casi dos millones de alumnos sufriendo atraso en su aprendizaje.

    Esa falta de tecnología —solo el 39% de hogares en Honduras tiene acceso a internet, según cifras del Instituto Nacional de Estadísticas (INE)—, se trató de superar con otros medios como WhatsApp, por donde se han enviado las tareas, o bien con la radio y televisión, pero sin los resultados esperados, lo que obliga al regreso a clases presenciales cuanto antes y a trabajar enfocados en la nivelación para recuperar el valioso tiempo perdido. Y esa recuperación debe realizarse junto a un proceso de readaptación social y de atención emocional de los niños que han estado aislados, un proceso educativo integral diseñado para enfrentar el atraso en el aprendizaje y hacerlo bajo circunstancias difíciles. Así que no solo se trata de mandarles a la escuela. El reto mayor es esa recuperación educativa, trabajar para la transformación del sistema y cumplir con el derecho a la educación de todos nuestros niños.