El transporte

La presión con tomas de carreteras y obstrucción de la circulación dieron resultados en las negociaciones demandadas por dirigentes del rubro del transporte, uno de los más afectados por la pandemia, aunque no es el mayor, pues los más golpeados son aquellas empresas que clausuraron operaciones y miles y miles de empleados que perdieron su trabajo. A las crisis sanitaria y económica se une la social agudizada por las precarias condiciones en que han quedado muchas familias.

Poner orden en el transporte urbano es una aspiración de décadas tanto por la competencia interna, por el control del número de pasajeros y por el trato de conductores y ayudantes a los pasajeros. La necesidad de mejoramiento es de absoluta necesidad que se ha complicado con la coyuntura actual. La seriedad del Gobierno y de los transportistas debe marcar una nueva etapa en la que “lo que hay, hay”, de manera que la responsabilidad marque la diferencia entre el antes y el después de la pandemia.

El acuerdo logrado exonera el pago de matrícula y dota de ayuda, bono en efectivo, de 4,000 lempiras que debe ir directamente a los conductores, pues destinarlo por unidad es entregarlo a los dueños de los vehículos como ha ocurrido a lo largo de los años, dejando al margen de los verdaderos trabajadores del transporte. El cargo de las deudas también es aliviado, así como se beneficia la compra de repuestos con la exoneración de impuestos. No es fácil volver a la normalidad “normal” que presagian los analistas, sobre todo cuando la complejidad de los problemas es tan descomunal como en el transporte, necesidad “necesaria”, como diría Cantinflas, para el desarrollo económico y social. A lo que hay que sumar la inseguridad fuente de angustia tanto personal como colectiva.

La apertura va funcionando, los centros productivos, el transporte, el comercio e intrincado mundo de la administración pública van agarrando aire, de manera que el llamado insistente es a no bajar la guardia, a cumplir con las medidas de bioseguridad, a protegerse y proteger a los demás eliminando el exceso de confianza, pero no cayendo en temores apocalípticos, pese a la degradación de la confianza en ámbito oficial.

Si el transporte da muestras de un sano y beneficioso encarrilamiento será una de las mejores señales sobre la ruta correcta para salir de la pandemia y sus nefastas consecuencias en la vida de los hondureños. Es tiempo de elevar la mirada, valorar lo que nos rodea y proteger la existencia encaminándola hacia el bienestar en paz, justicia y convivencia ciudadana.