Austeridad

¿Deudas? Y lo que falta, pero es necesario mirar con decisión e inteligencia, no con disimulo o con los ojos cerrados, la otra cara de la moneda para tener una visión completa y adoptar medidas exigidas y necesarias en estos tiempos de pandemia. Ninguna palabra se ha escuchado a media o voz alta y, mucho menos, no es propio de políticos y funcionarios, hacer y no alardear, por lo que suponemos que de la moneda ven solamente un lado.

Recientemente señalábamos en esta misma columna la “nueva” deuda, su aumento y la carga para las generaciones venideras, pues su “alta concesionalidad”, el período de gracia y el largo plazo apuntan en esa dirección. Claro que de esta no salimos solamente con recursos propios. Cayó la recaudación de impuestos, reconoce la ministra de Finanzas, y el próximo período fiscal con la parálisis económica las declaraciones serán “viento”. La política de austeridad se definió muy bien en términos de contención, reasignación y reducción, pero en concreto ¿qué?

Si el salario es “sagrado” y creemos que es necesario para el sostenimiento de todas las familias, ¿en qué sectores o programas habituales, más de imagen que efectivos, se han reducido o congelado las asignaciones? Si no ha habido movimiento voluntario, personal, para renunciar temporalmente, sobre todo en las altas esferas, a un porcentaje de los ingresos provenientes del presupuesto como dar ejemplo de austeridad y alta responsabilidad a los miles de desempleados, suspendidos o con acuerdo para no clausurar las empresas.

Desde arriba debiera llegar el ejemplo con hechos, y así los créditos internacionales no solo proporcionarían mayor oportunidad para enfrentar la emergencia, sino que la cooperación de todos y las consecuencias dolorosas serían más equitativas, nunca iguales, pero sí menos excluyentes y generadoras de mayor pobreza. Asombra cómo en la administración pública, incluyendo los poderes Legislativo y Judicial, no haya habido voces de solidaridad con respaldo efectivo.

Los medios han mostrado algunas individualidades en cercanía efectiva al pueblo, pero el entramado burocrático tiene segura la planilla, incluso con recursos externos, que se agregan a la “nueva” deuda. Tarde, pero es tiempo de una política real y efectiva de austeridad sin afectar el problema social, no sea, como es tradicional, que sin sacrificio arriba se publiciten los programas, los beneficios y los éxitos abajo, sin llegar ni siquiera a rozar problemas ancestrales, agudizados en una sociedad cada vez más exigente.

Aquello de revisar planilla o readecuar el presupuesto a los exiguos recursos no cabe en la cabeza y menos en el corazón de quienes están ahí por voluntad del pueblo, a quien se le “pasa la cuenta”.