Cumbre en Madrid

La capital de España se convirtió, desde ayer, en el centro de atención, particularmente de movimientos sociales y juveniles, cuya presión aumentó en los últimos años, puesto que serán ellos, niños y jóvenes, quienes deberán pagar un mayor precio por las catástrofes ambientales que, por necios o ciegos que sean políticos, empresarios y asesores de turno, ante la evidencia es imposible negar y que los demás lo crean.

El secretario de la ONU señaló claramente que los humanos “han estado en guerra contra el planeta y ahora el planeta contraataca”. La metáfora en el ámbito guerrero es sabia, pues las secuelas de la destrucción del ambiente se han vuelto contra la vida en una cadena en causas y efectos confundidos, pues los segundos se han convertido ya en causantes de otros muchos males para todos los vivientes.

Pese a las muchas palabras y escasas acciones, por primera vez en la historia hay un reconocimiento oficial y de base de un grave problema. La excepción en estos momentos es Washington, cuyo gobierno anunció el retiro de los acuerdos de París, suscritos por 195 países, el compromiso más importante ante el grave desafío global. Se alza la voz de las naciones para examinar el camino recorrido de aquellos objetivos señalados y aceptados en la capital francesa.

Sin duda, los logros son pocos, aunque siempre queda la esperanza de una mayor concienciación, particularmente en la gente joven, que serán quienes sufran directamente las consecuencias, el desastre ambiental producto de una sociedad consumista, lucha comercial abierta, en la que se vale todo desde la contaminación de la atmósfera hasta la destrucción de las fábricas naturales de oxígeno.

La hora del no retorno está cerca, pero aún hay tiempo con ayuda de la ciencia. La reunión de Madrid, con una mirada atrás, busca revisar las estrategias diseñadas hace cinco años y evaluar su cumplimiento que, por el clamor y los lamentos, cae en el vacío de lo que se dijo pero no se hizo.

Por ello, el Parlamento Europeo demanda una acción inmediata y ambiciosa para limitar el calentamiento global, pasar de las palabras a los hechos y alcanzar un acuerdo histórico para que el proceso de mitigación sea inminente y en términos sin autoexclusión, sino tabla global de salvación.

La cumbre de Chile, una esperanza más para detener la guerra contra la naturaleza, que ya ha comenzado el contrataque, abrió sus puertas en Madrid para eliminar la mayor sinrazón absurda de la humanidad.