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Ocote y candela

Mañana, tarde y noche, pero ¿hasta cuándo? ¿cuando “termine” el verano y desciendan las temperaturas o cuando san Juan baje el dedo porque las condiciones climáticas son propias de la temporada, nada de cambios dramáticos o sorpresivos? Hacemos alusión a las débiles y anodinas explicaciones de quienes desde el sector oficial o del campo energético repiten el formulario de todos los años aprendido para estas fechas. Lo sorprendente sería que una gran nevada hiciera colapsar el sistema eléctrico, pero de momento tal fenómeno es fantasmal; lo que sí ya está a la puerta, otra vez, para el próximo año es el calor. ¿Soluciones? Cuando llegue ya veremos, lo mismo, pero peor.

La visión se presenta pesimista, pero es que el daño es tal, sin visos de prevención para similares situaciones en el corto tiempo, que el mañana, tarde y noche se convertirá en nefasto hábito al que, como dicen los filósofos, adaptarse para sobrevivir. La electricidad lleva el camino del agua en verano, que al abrir las llaves sale el código transparente, “no hay”, sin que se busque y halle remedio en los otros meses del año, de manera que vuelve el verano y la misma estampa agravada. Ahora es carrera para adquirir combustible, se olvidaron que las máquinas en las centrales térmicas no funcionan con aire o agua. Ahí están los numerosos y onerosos contratos para generar energía, que “están, pero no son”.

La demanda aumenta en un 10% cada año, lo cual refleja la debilidad de la economía, del sector productivo, pues solamente el crecimiento vegetativo poblacional casi alcanza ese porcentaje, pero ni aun así los distintos Gobiernos han considerado la mayor necesidad de electricidad en viviendas, oficinas y comercios. Si pasamos al sector productivo y de servicios, creadores de puestos de trabajo, cerramos el círculo vicioso con la tajante consideración: la Enee, enemiga del empleo y de una mínima calidad de vida de los hondureños.

O se mira a futuro o seguiremos en edad de la oscuridad que hoy, dicen que el verano y los abonados tienen la culpa, afecta a dos millones de personas en Atlántida, Colón, Olancho y San Pedro Sula. La sabia advertencia de las víctimas de los apagones es que todos los años hay verano, para que los “iluminados” no tropiecen en la misma piedra en el 2020, con graves daños a las familias y las empresas. ¿Quiénes serán responsables de las pérdidas de estas semanas? ¿Y la feria Isidra este año?... Aunque sea con ocote y velas...