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Todos debemos sumarnos

El Presidente de la república, el nuevo ministro de Educación, las autoridades de la Universidad Pedagógica Nacional, la dirigencia magisterial, la Asociación de Municipios de Honduras, el sector empresarial y la embajada de Taiwán en Tegucigalpa, que ha realizado una generosa donación para financiar algunos aspectos del proyecto, se han reunido para definir las líneas maestras que, en principio, darán vida a un plan para dar un golpe de timón a la educación nacional y así impulsar un proceso de mejoría que desde hace años se está necesitando.

Las nuevas autoridades de la Secretaría de Educación han hablado de un proyecto inicial de 100 días, en los que se sentarán las pautas para dar un giro positivo al tema más espinoso del sector, como lo es la calidad de la enseñanza que reciben en las aulas nuestros niños y jóvenes. En su momento, todos seremos informados de las medidas concretas a tomarse y de las implicaciones que tendrán para cada uno de los sectores involucrados.

Es evidente que una iniciativa de tal envergadura exige el concurso de todos. El ministro Arnaldo Bueso ya ha señalado que los padres de familia tendrán un papel protagónico en este proceso, y es lógico, desde que la misma Constitución de Honduras los define como los primeros y más importantes educadores y los que tienen el derecho de decidir el tipo de educación que quieren para sus hijos.

El tema es tan importante, de tanta trascendencia para la vida nacional, que está de más decir que todos debemos sumarnos a este proyecto, que cada uno, desde su responsabilidad, debe aportar lo que le concierne para que, por fin, superemos un obstáculo que imposibilita el desarrollo del país en todos los aspectos.

Porque sin educación no hay salud, no hay respeto a las leyes, no hay convivencia armónica posible, y sin lo anterior el progreso es una quimera.

No faltarán los escépticos o los acostumbrados a criticarlo todo porque o no han sido tomados en cuenta o continúan obnubilados por razones políticas o ideológicas. Y es, justamente, en casos como este en el que esas sinrazones pierden peso y se convierten en lastres que nos impiden avanzar. Lo que debe ahora privilegiarse es el bien de esa multitud de niños y jóvenes que no pueden romper el círculo de la pobreza ni tener esperanza si no reciben una educación acorde con las exigencias del mundo actual.

Independientemente del partido en que se milite, no apoyar este plan es una clara falta de amor a Honduras, de obcecación y oscurantismo.