José estaba disfrutando de una lectura cuando su gato apareció con un animal muerto en su boca.

Mirándolo de cerca, se dio cuenta de que la pobre criatura era el conejo de su vecinita Valentina. José se sintió fatal, imaginando que su gato había matado al pequeño conejo. Él rápidamente pensó en un plan.

Retirando el animal muerto de la boca del gato, que a esas alturas estaba ya bastante desgarrado, lo puso en el fregadero. Con un poco de agua tibia y jabón, intentó lavar el animal lo mejor que pudo.

Utilizando un secador de pelo, procedió a secar el conejo hasta dejarlo en un estado decente. Por último, a hurtadillas, llevó el conejo muerto a la conejera de Valentina y lo puso en la jaula. Él lo arregló de tal manera que se veía lo más natural posible dentro de su caja.A la mañana siguiente, José miró por la ventana y se dio cuenta del alboroto que había en la casa de sus vecinos. Un grupo de personas estaba congregado en torno a la conejera.

Todos parecían estar hablando y señalando. José decidió ir y actuar con disimulo, como cualquier otro vecino, con el fin de averiguar qué era lo que estaba sucediendo.

Cuando llegó, la mamá de Valentina le dijo a José: “¡No vas a creer lo que acaba de suceder! ¡Es un milagro! El conejo de Valentina había muerto hace unos días, y lo habíamos enterrado en aquella zona junto al árbol y hoy apareció en su jaula.

¡Es un milagro!”.¿Alguna vez ha intentado esconder una mala acción con otra mala acción? Como bien dice Wayne Rice, hacer esto solamente empeorará las cosas. Cuando somos sorprendidos haciendo algo incorrecto, lo común es cubrirlo con una mentira. Pero, así como sucedió con el conejo de Valentina, las cosas casi nunca salen como esperamos. La verdad siempre sale a la luz y nuestra reputación puede verse terriblemente dañada. Hagamos mejor como reza el dicho: “Errar es de humanos, mas corregir, de sabios”.