“No mires el reloj, haz lo que él hace, sigue moviéndote”, Sam Levenson. Cada vez que se fomenta el desarrollo humano se crea un movimiento en relaciones personales e interpersonales, logrando un desarrollo integral; se determina el rumbo a seguir y el cumplimiento de metas y objetivos. El enfoque le permite entrar en el mundo de la mejora desarrollando la capacidad de innovar, administrar y diseñar. En este sistema frenético de vida es fácil perder el propósito, depende de las prioridades y necesidades que cada uno ve como sus oportunidades; ser un emprendedor, empresario, líder o inversionista. No es tirar los dados o frotar la lámpara de Aladino y que salga algo mágico, esto no es un juego de corto plazo, existen triunfos y derrotas. Muchas veces derrochamos muchas energías en preocupaciones u ocupaciones e intentando dirigir cosas que están fuera del ámbito de nuestro control.

Lo que sí es una realidad que en el enfoque de vida es vivir agradecido, invertir en lo productivo, resolución de problemas, aceptar la responsabilidad de lo que si podemos cambiar y hacer un compromiso a no quejarse de aquello que usted no puede cambiar. El resultado será la salud relacional, mental, emocional y espiritual. ¿Qué enemigos existen del enfoque? Las distracciones, críticas, pérdidas, desilusiones y acusaciones. Nunca permita que estos enemigos le afecten su enfoque ya que al final la factura a pagar será: falta de compromiso, retraso en el progreso, las fuerzas se debilitan, nos vuelven errantes y sin propósito. Vivimos tiempos donde lo barato sale caro: el precio de la ignorancia. “Hermanos, yo sé muy bien que todavía no he alcanzado la meta; pero he decidido no fijarme en lo que ya he recorrido, sino que ahora me concentro en lo que me falta por recorrer. Así que sigo adelante, hacia la meta, para llevarme el premio que Dios nos llama a recibir por medio de Jesucristo”. Filipenses 3:13-14. RVR60.