22/02/2024
12:57 AM

El juicio

Elisa Pineda

Si hay algo que despierta interés y múltiples emociones actualmente en Honduras, ese es el juicio que deberá llevarse a cabo en Nueva York en pocos días. De más está entrar en detalles de algo que conocemos y que lamentamos desde distintos ángulos: por un lado, desde la tristeza de ver el nombre de nuestro país tan golpeado; por otra, desde la pena de darnos cuenta cuánto nos falta para superar la impunidad.

También está la perspectiva de quienes se conmueven al ver los daños colaterales a las instituciones políticas, así como de aquellos que esperan los resultados con certezas e incertidumbre.

Habrá que esperar unos días más para saber el resultado de un capítulo muy difícil de la historia hondureña reciente, y quizás mucho tiempo más para procesar todo lo que de éste resulte.

El juicio de un expresidente en otro país tiene su efecto en la colectividad, que irónicamente parece perder el juicio. Así, han surgido una serie de cortinas de humo, de personajes otrora célebres que han recuperado atención como analistas, de noticias absurdas, de especulación y detalles que despiertan el morbo.

La incertidumbre se ha apoderado de Honduras y en lugar de buscar mantener la calma y la prudencia, hay un desborde de comentarios viscerales, algunas veces enmascarados en estadísticas sin fuente fidedigna, sin ningún otro aval más que las declaraciones de alguien.

Sin darnos cuenta, peligrosamente alimentamos la incertidumbre con ese proceder poco juicioso, que nos lleva a polarizar aún más la opinión pública, a convertir las redes sociales y las noticias en el ruedo donde se compite por el comentario más sarcástico, más fuerte y el que deja sin palabras al otro, como si con eso alguien realmente ganara algo.

El juicio que se libre allá es solamente un recordatorio de lo que aún nos falta: construir un verdadero Estado de Derecho, donde haya respeto a las instituciones y las leyes.

Esa realidad es para todos, no solamente para algunos. El irrespeto de antaño no debe ser excusa para ser condescendientes con lo que pueda suceder de aquí en adelante.

Estamos próximos a ocupar la atención mundial con un tema que avergüenza, que nos coloca en la sospecha y la desconfianza de los demás. Tendremos mucho por hacer por recuperar un poco de juicio, además de la autoestima nacional y el sentido de pertenencia hacia el país, por encima de un partido o una ideología.

Recuperar el juicio nos debería llevar a comprender la imperiosa necesidad de buscar un acercamiento para el diálogo que nos permita llegar acuerdos sobre los grandes problemas del país.

La búsqueda de soluciones ampliamente compartidas es indispensable, no como una utopía, sino como una meta que debemos buscar incansablemente.

Ya basta del sarcasmo, de las frases y comportamientos irreverentes, de la grosería disfrazada de franqueza. ¿Hacia donde vamos con eso?

Una vez pase el juicio, nos queda mucho por recuperar: la confianza, la certeza, la imagen propia y hacia el mundo entero. ¿Tendremos claro que el mundo no se detiene a esperarnos?

No es menuda la tarea, especialmente para el Gobierno de la República que debe modular su discurso de acuerdo con la necesidad de contribuir a la cohesión social, en una nación desencantada, agobiada y con la autoestima golpeada.

Esperamos que todos los sectores actúen a la altura, con cordura, sabiendo que el juicio será un parteaguas en nuestra historia. La prudencia será siempre la mejor aliada, no la perdamos de vista.