Las supersticiones culturales hacen a veces aún más difícil la labor que desarrollan misiones altruistas en nuestro país para construir una sonrisa en niños que nacieron con deformaciones como labio leporino y paladar hendido. El caso es que en comunidades remotas existe la creencia de que estos defectos congénitos son producto de una maldición o provocados por un eclipse solar durante el embarazo y por ello se resisten a que las criaturas afectadas sean intervenidas por los cirujanos voluntarios. El problema de estos pequeños no es solamente estético sino también fisiológico porque se les dificulta comer y psicológico por la baja autoestima o el rechazo social que puede provocar la deformidad en pleno rostro. Imagine el trauma que ha de sufrir una jovencita con labio leporino por no poder besar a su novio, me comentaba el cirujano plástico Guillermo Peña Cabús, quien dirige el proyecto universitario Pumas dedicado a realizar este tipo de cirugías reconstructivas en diferentes comunidades de la zona noroccidental.

La última brigada voluntaria de este proyecto de la Unah-vs tuvo lugar recientemente en el hospital de Santa Bárbara en donde se dio atención a 56 pacientes con diferentes deformaciones físicas, algunas de ellas por labio leporino y paladar hendido. Los alumbramientos con estas malformaciones se registran más en el área rural, pero no hay un lugar específico, según los registros. El beneficio colateral de estas misiones es que en ellas participan médicos residentes de segundo año del posgrado de cirugía plástica de la universidad, quienes ponen al servicio de la población con escasos ingresos, su valiosa capacidad en cirugía reconstructiva. Un bebé que nace con una hendidura o fisura puede padecer de hambre y sed, dificultad para hablar, aislamiento social y acosamiento. El costo de una cirugía de estas, en niños que nacen con las dos deformidades, oscila entre 125 mil y 135 mil lempiras a nivel privado. Es por ello que han surgido organizaciones sin fines de lucro como Pumas y Operación Sonrisa que tiene 25 años de desarrollar su noble labor en Honduras, es decir desde que llegó la primera brigada al hospital San Felipe de Tegucigalpa. De esta manera también ha logrado reducir la mora quirúrgica por labio leporino en el sector público. En el centro asistencial se realizan intervenciones y tratamientos a niños jóvenes y adultos. Además, se les brindan terapia de lenguaje, psicología y ortodoncia odontológica, todo ello en forma gratuita. La recompensa que reciben estos voluntarios es ver los rostros de felicidad de los pequeños después que han sido operados. Peña Cabús cuenta que, durante su larga trayectoria en estas lides de su profesión, ha visto niños llorar de alegría cuando miran en el espejo su sonrisa completamente reconstruida, como si la fisura nunca hubiese existido.