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Congreso y Ejecutivo, ¿lucha abierta?

  • 09 agosto 2023 /

Cuando se creó la República centroamericana, los patriotas no dejaron clara cuál era la misión que se le otorgaba; y, tampoco el papel que los ciudadanos, cumplirían para lograrla. Apenas hay algunos barruntos de asimilación del modelo estadounidense, poco replicado en la realidad. Allá en Estados Unidos, se crearon los estados y desde aquí, estos, se federaron. Aquí, primero se creó la federación; y, después, se inventaron los estados, de manera que cuando surgieron las diferencias, no había reglas para enfrentarlas. El pacto federal no tuvo continuidad y la dispersión se impuso, bajo la dirección de caudillos que tampoco sabían lo que estaban haciendo. Ferrera, Lindo y Guardiola, no tuvieron claridad cuando buscaron la construcción de la República. Medina, por momentos, imaginó la posibilidad de la República negando la organización colonial. Los reformistas tampoco imaginaron, como el padre que acoge en sus brazos al niño recién nacido soñando su futuro – obispo, caudillo militar, abogado, ganadero— , el futuro o el destino de Honduras.

En el vacío, muchos han creído que el papel de Honduras es el de una nación indigente, con la mano extendida que reclama de los extranjeros un mendrugo para llevárselo a la boca. Y a los hondureños, como población callada, de ojos vidriosos, pidiendo compasión y favores a las grandes potencias. Por ello es que, en más de doscientos años, no hemos podido ni siquiera desarrollar capacidad para producir los alimentos necesarios para la mínima subsistencia. Los ganaderos, fuera de algunos casos aislados, fueron un fracaso. En algunos momentos exportamos carne y ganado en pie. Ahora no.

Los agricultores tampoco han sido eficientes. Ni siquiera el maíz, el arroz y los frijoles para la dieta familiar, son capaces de producir. Exportamos café y camarones. Y mano de obra, joven y barata. Nada más.

Y como no tenemos definida la nación que debemos construir y el papel de los ciudadanos en la discusión política de los ajustes de las acciones a ejecutar o ejecutadas, no hemos podido construir un escenario democrático en donde la obediencia a la ley, especialmente en los derechos de cada uno, sea la base de la operación individual. La democracia no la hemos podido aprovechar bien, porque no sabemos para dónde queremos ir.

Ahora estamos estancados en una lucha entre el Congreso y el Ejecutivo. Al principio tuvimos un Congreso bicameral. Ahora, una sola cámara. El Ejecutivo de subordinado, ahora es un poder superior que domina al Congreso.

Cuando, como ahora, se ha producido una rebelión entre los diputados, el Ejecutivo no pudiendo impulsar su agenda legislativa, recurre al engaño y a los PCM, de modo que termina legislando para sí mismo. Y se evalúa a sí mismo. Quedando el Congreso Nacional solo con la facultad de aprobar el presupuesto, aunque con la información que se han hecho pagos en el exterior, antes que el Congreso apruebe la incorporación de Honduras al CAF, descubrimos que, en la realidad, está en marcha una actividad de engaño en que el Ejecutivo conspira en contra de la soberanía popular, encubriendo acciones, tomando decisiones en la obscuridad de la noche; e irrespetando la soberanía popular. Colocándose en la ilegalidad.

Esta situación es grave. No anticipa buenos resultados. Solo explica que, en la falta de claridad en la misión de la nación y en la indefinición del papel de los ciudadanos en el logro de tal finalidad, se encuentra la fuente de la eterna pelea que no solo ha destruido la acumulación de riqueza nacional, sino que en la negación de las oportunidades para que los hondureños, nos dediquemos a construir el bien común. Y, a tener éxito.

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