Más noticias

Infop y Cohep, imperativos de diálogo

Los problemas del Infop son de larga data. Y no son, hasta donde sé, de carácter técnico o metodológico exclusivamente, sino que políticos referidos al poder. Es decir quién manda, quién controla y quién lo usa como su instrumento personal. Con lo anterior, no quiero descalificar los problemas políticos, ni menos insinuar que no son importantes. Quiero puntualizar los mismos para adecuar y volver proporcionales las soluciones que corresponden y ratificar que, cuando hablamos de problemas políticos. no queremos tampoco sugerir que se manejen como los partidos políticos que, algunas veces, renuncian al diálogo y se lanzan a la calle a tirar piedras.

Queremos llamar la atención a los protagonistas, que la política es la búsqueda del bien común, en la que estando los intereses generales sobre los particulares, las partes deben usar el diálogo para llegar a acuerdos, de conformidad con la naturaleza de los problemas que se confrontan.

Además, hay que decir, en términos de manejo práctico, que el Infop no es propiedad exclusiva de la empresa privada y que esta tampoco debe comportarse como si fuera un sindicato de los ochenta amenazando con irrespetar la ley, como lo han venido haciendo algunos que quieren destruir el Estado de derecho.

Son aportantes del Infop y, de consiguiente, responsables de su dirección también; además de los empresarios, los trabajadores y el pueblo en general que lo hace por medio del Gobierno. De manera que cualquier dificultad que haya no se puede resolver en forma caprichosa, y mucho menos haciéndose justicia por su propia mano.

Es decir que la afirmación del presidente del Cohep Juan Carlos Sikaffy, es impropia, inconsecuente e irrespetuosa de la ley. Y no puede, dentro del Estado de derecho, ordenar que se incumpla la misma porque ¡es un delito! Así de simple.

Lo que hay que hacer no es complicado. Igual que en lo referido a la educación general del país, que está siendo sometida a una revisión general: determinar el desarrollo y naturaleza del capitalismo nacional, los retos que enfrenta en los procesos de producción y distribución de bienes y servicios y que pueden ser resueltos vía la capacitación de mano de obra especializada, siendo el faro orientador de la acción educativa del Infop.

Por lo que entendemos, el presidente del Cohep –al que hace un tiempo criticaba porque no hablaba– opina sobre los ajustes que hay que introducir al Infop para que su junta directiva y su director, por medio de los cursos de capacitación, le den la oportunidad a los trabajadores de aumentar sus calificaciones y ser más productivos en las empresas.

Estas tienen que tener en cuenta que un trabajador capacitado debe ser mejor pagado. Es cosa de justicia elemental, por lo que no hay que aceptar que el Infop es un aliado para explotar mejor y en forma más consentida la utilización de la productividad mejorada de los trabajadores capacitados, sin que estos reciban lo que corresponde.

En consecuencia, antes que imitar a los políticos que se han colocado fuera de la ley e imponen sus caprichos por medio del control callejero, deben sentarse a negociar.

Y si no pueden hacerlo, hay que incluir al Infop dentro del sistema educativo para buscar aumentos de la capacidad productiva de la masa laboral capacitándola para los retos tecnológicos, pues los procesos económicos están amenazados por la robotización, especialmente.

En conclusión reclamamos –como contribuyentes y orientadores de la opinión pública– diálogo, reflexión y acuerdos, y si una o todas las partes no pueden tomar los acuerdos pertinentes, incluir al Infop dentro de la problemática nacional, de forma que no funcione aislado y sometido a los caprichos personales de algunos de sus directivos, sino que de conformidad a los objetivos nacionales, fruto de la aceptación de los retos que la economía capitalista enfrenta, dejando lo elemental para buscar desde visiones serias el ajuste de lo tecnológico medio a un modelo de desarrollo del país, en donde los mandos medios y algunos superiores sean convenientemente capacitados para poder competir con éxito en los mercados internacionales que aplastan y excluyen a los países menos preparados, condenándolos a ellos y a sus pueblos a la pobreza.