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Aires de cambio en la relación con México

Con la toma de posesión de Andrés Manuel López Obrador, como nuevo Presidente de México, podríamos esperar cambios en la relación de este país con sus vecinos del sur, que quizás signifiquen un mayor acercamiento en los ámbitos comercial, político y de cooperación.

Sin lugar a dudas, el tema primordial en la relación seguirá siendo la migración hacia el norte, ahora enfatizado por la caravana de migrantes, como un símbolo de la realidad socio-económica que prevalece en la región, y que evidencia la necesidad de buscar alternativas de solución.

México es un país diverso en todos los aspectos, extenso no sólo territorialmente, sino en la complejidad de su desarrollo, con grandes adelantos en investigación científica, educación, cultura e innovación, y al mismo tiempo con problemas sociales compartidos con Centroamérica.

El acceso a oportunidades de desarrollo para todos, sigue siendo un reto en México. El sur del país tiene mucho en común con los países vecinos: posee una enorme riqueza de recursos naturales, pero también enfrenta grandes retos para lograr un desarrollo que se refleje en la calidad de vida de sus habitantes.

Un plan de desarrollo para Centroamérica, que parece ser la propuesta de la administración López Obrador y de la que tendremos más detalles próximamente, traería consigo una buena oportunidad para impulsar el sur y al mismo tiempo atender una causa raíz fundamental de la crisis migratoria.

La política exterior mexicana se enmarca en siete principios constitucionales tan vigentes como siempre: la autodeterminación de los pueblos, la no intervención, la solución pacífica de controversias, la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales; la igualdad jurídica de los estados, la cooperación para el desarrollo, la lucha por la paz y la seguridad internacional.

¿Qué podríamos esperar de la relación con México en tiempos de López Obrador? Un enfoque mayor hacia Centroamérica y en general hacia América Latina, en relación a la administración anterior y probablemente, un mayor énfasis en temas de cooperación para el desarrollo.

Un nuevo impulso a los mecanismos de diálogo y concertación con el sur, como parte fundamental de su papel en el hemisferio, que en grandes momentos pareció olvidar la administración del ahora ex presidente Enrique Peña Nieto.

Basta con recordar la invitación que le hiciera Peña Nieto al entonces candidato a la presidencia de los Estados Unidos, Donald Trump, y el desastroso abordaje unilateral del tema migratorio.

La realidad es que la frontera norte de México tiene un peso indiscutible, que puede jugarle tanto a favor, como en contra. Esto significa que es justamente esa característica la que le da una enorme relevancia en Latinoamérica, además de su estatus de potencia media regional; al mismo tiempo, asumir ese papel de liderazgo trae consigo la necesidad de una relación más fluida y cercana con el sur, algo que en muchas ocasiones dejó de lado Peña Nieto.

La administración Lopez Obrador conoce de cerca esta región. El nuevo Canciller mexicano, Marcelo Ebrard, ha tenido una relación cercana con nuestro país desde hace muchos años. Además, está casado con Rosalinda Bueso, hondureña, embajadora de nuestro país en tierra azteca en el período presidencial de Manuel Zelaya Rosales.

Esa cercanía es, sin lugar a dudas, una buena oportunidad para el acercamiento hacia la región, no tanto desde la perspectiva del hermano mayor que busca imponer criterios, sino del hermano más grande que busque generar acuerdos mutuamente beneficiosos. Por ahora, López Obrador parece dispuesto a demostrar no solamente en territorio mexicano, sino más allá de sus fronteras, que el sur también existe.