Por Alissa J. Rubin /The New York Times International
Campo al Hol, Siria — Las áridas estepas del noreste de Siria se extienden hasta la frontera iraquí, con el vacío interrumpido sólo por alguna torre de perforación petrolera ocasional, hasta que el camino llega a un extenso campo de prisioneros.
Una valla coronada con alambre de púas rodea el vasto complejo, y camiones de suministros llenan la ruta durante casi un kilómetro afuera de las puertas. Este es el campo de detención Al Hol, donde la mayoría de los detenidos son familiares —esposas, hermanas, hijos— de combatientes del grupo terrorista Estado Islámico, o ISIS.
Más de 8 mil combatientes se encuentran en prisiones cercanas.
Durante años, ISIS gobernó gran parte de Siria y el vecino Irak, imponiendo brutalmente su estricta interpretación de la ley islámica. Mientras las fuerzas sirias, lideradas por los kurdos y respaldadas por la UE, luchaban por recuperar ese territorio, detuvieron a millas de combatientes de ISIS y decenas de millas de sus familiares.
Las fuerzas estadounidenses confiaron en sus aliados kurdos sirios la custodia de los prisioneros y las familias de ISIS. Pero ahora la UE está retirando sus tropas de Siria y hay indicios de que los funcionarios estadounidenses quieren que el nuevo Gobierno sirio asuma la responsabilidad de las prisiones y los campos de detención.
Esto forma parte de un esfuerzo gubernamental más amplio para integrar la poderosa milicia kurda, conocida como las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) al nuevo Ejército del País, mientras las autoridades intentan reunificar Siria tras 13 años de guerra civil.
Un obstáculo para el plan es que muchos kurdos desconfían del Gobierno y su compromiso con la lucha contra ISIS. El Gobierno está liderado por ex rebeldes islamistas alguna vez vinculados a Al Qaeda, y muchos kurdos temen que podrían liberar a militantes de ISIS.
Hasta el momento, el Gobierno ha adoptado una postura pública firme contra ISIS.
El Estado Islámico, tras varios años de ataques de bajo nivel dirigidos principalmente contra las fuerzas kurdas en el noreste de Siria, ha ampliado su alcance, así como la frecuencia y la letalidad de sus ataques en el último año, arrojan evaluaciones de funcionarios tanto de las Naciones Unidas como de Estados Unidos. El 13 de diciembre, dos soldados estadounidenses y un traductor murieron en un atentado, las primeras bajas estadounidenses desde la caída del dictador Bashar al-Assad el año pasado. Funcionarios estadounidenses han culpado a ISIS de los asesinatos.
Los funcionarios del campo afirman que agentes de ISIS siguen en su interior, centrados en radicalizar a los niños. Cuando visité el campamento Al Hol este año, los niños más pequeños se aferraban a las largas túnicas negras de sus madres. Algunas mujeres los alejan apresuradamente de los visitantes extranjeros, murmurando “kafir” —infiel en árabe.
Algunas mujeres evitaban hablar con extranjeros, pero otras se apiñaban a mi alrededor, suplicando ser escuchadas.
Los administradores del campamento advierten que una nueva generación está creciendo adoctrinada por sus madres.
“Todas las mujeres aquí son radicales”, dijo Hokmiya Ibrahim, administradora del campamento de Roj. “Pero el mayor problema es que las madres educan a sus hijos según la ideología del Estado Islámico”.
Casi el 60 por ciento de la población de los dos campamentos familiares es menor de 18 años, dijeron los administradores del campamento.
Contrabando de armas y constantes intentos de fuga preocupan a las autoridades
La administradora de Al Hol, Jihan Hanan, afirmó que los detenidos más extremos provienen de países fuera de Medio Oriente, como Tayikistán, Francia y Rusia. Entre ellos se encuentran aproximadamente 6 mil mujeres y niños que viven en una zona separada del campamento.
Las condiciones son desalentadoras. El descontento, la violencia y la mala salud asolan a los residentes. Se introducen armas de contrabando, y mujeres y adolescentes mayores intentan escapar con frecuencia, dicen los administradores.
Cientos de vehículos ingresan a diario para traer suministros y pueden utilizarse para sacar a la gente de contrabando, explicó Hanan.
“Todos los días huye gente, y parece que se trata de una operación organizada”, añadió.
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