Ingeniero eléctrico con promedio de 95% estudiaba hasta 12 horas diarias y 6 clases
- Actualizado: 24 de octubre de 2024 a las 00:00 /
San Pedro Sula, Honduras. En un mundo donde la electricidad impulsa el 80% de las industrias, Marlon Gabriel Solís Alfaro, un joven originario de Sonaguera, Colón, y residente en San Pedro Sula, ha demostrado que el poder de los números y la dedicación pueden iluminar el camino hacia el éxito.Marlon no solo se enfrentó a las complejidades de la Ingeniería Eléctrica, un campo que exige dominar más del 90% de conceptos matemáticos y físicos, sino que también desafió a diario las expectativas que la vida le impuso. A sus 23 años no solo se graduó como ingeniero, también demostró que la gloria es un proyecto a largo plazo, calculada con precisión y alimentada por la perseverancia. Con un promedio académico de 95%, Marlon dedicó más de 12 horas diarias a sus estudios durante sus años universitarios, equilibrando el trabajo como instructor de laboratorio y su vida académica.
Al mirar hacia atrás, Marlon reconoce que no solo estaba aprendiendo sobre circuitos y maquinaria eléctrica, estaba cultivando un futuro en el que cada voltio y cada ohmio (unidad que se utiliza para medir la resistencia eléctrica) representaban sus sueños y sacrificios. Durante su trayectoria en las aulas de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, Campus Unah Cortés, aprendió que el verdadero ingeniero no solo resuelve problemas técnicos, sino también ilumina el camino de otros, reflejando que, al igual que la electricidad, su dedicación y trabajo arduo pueden conectar vidas y generar cambios importantes.
Aspiraciones
Ingresó a la universidad durante el año 2019 lleno de sueños y metas, cuatro años más tarde, durante el mes de mayo del año 2023, miró esos anhelos materializarse al obtener su título con los más altos honores: summa cum laude. Desde el principio tenía un plan claro en mente, sabía hacia dónde quería ir y cómo iba a llegar. Durante este proceso expresó y reiteró su agradecimiento a todos aquellos que, de alguna u otra manera, lo apoyaron en cada paso.
Recordó con cariño el tiempo que pasó participando en las olimpiadas de física y matemática, fue una experiencia que no solo le permitió poner a prueba sus habilidades, sino también le brindó la oportunidad de conocer a muchas personas con intereses en común. Desde el comienzo, su madre fue su mayor apoyo, impulsándolo y brindándole todo lo que estaba en sus manos. Al avanzar en sus estudios, Marlon, decidido a no detenerse, tomó las riendas de su destino y durante su segundo año de carrera decidió postularse como instructor de laboratorio en la misma universidad, una oportunidad que le permitiría mantenerse y continuar su formación académica.A pesar de la distancia, hablaba con su mamá todos los días, durante la mañana recibía su bendición, lo que le daba fuerzas para comenzar el día, y durante la noche volvían a comunicarse, asegurándose de que ambos estuvieran bien.Durante los últimos dos años de su carrera, Marlon no solo estudió, sino que trabajó como instructor, compaginando ambas responsabilidades. Esos años, cargados de esfuerzo y dedicación, lo condujeron a donde siempre soñó: la meta final de su carrera universitaria.Puede leer: “Si pudiera ver por un día, lo primero que haría sería contemplar a mi hijo”La ingeniería era un sueño que perseguía desde sus años de colegio, cuando el licenciado Atilio Alvarado, su profesor de taller, lo inspiró a buscar esta profesión. La electricidad lo cautivó, no solo como un campo de estudio, sino como una fascinación que se convirtió en su propósito de vida. Las personas que fue conociendo en el área jugaron un rol motivador, verlos en acción, escucharlos hablar con entusiasmo sobre sus trabajos y experiencias fue lo que lo impulsó a llegar a esta carrera y a profundizar en ese mundo que inicialmente solo conocía de forma básica. “Desde el colegio me llamó mucho la atención la electricidad, todo lo que veía era de manera básica. Las personas del área que conocí en su momento me motivaron a estudiar esto”, recordó con orgullo. Curiosamente, su segunda opción de estudio era algo completamente diferente: Lenguas Extranjeras. Durante un tiempo lo contempló seriamente, pero al reflexionar sobre ello hoy, admite que no se ve desarrollando una carrera en ese campo.Siempre ha sido alguien que delimita sus tiempos con cuidado. La lectura ha sido una de sus grandes pasiones, y aunque admite haberla dejado un poco de lado recientemente, solía ser su pasatiempo favorito, pasaba horas inmerso en libros, disfrutando de nuevas historias y descubriendo conocimientos.“El fenómeno de la electricidad es complejo, está en todo, no podríamos estar conectados si no hay electricidad, es el motor de la industria. En su momento no lo vi a nivel macro, miraba la electricidad en todo y eso me llamaba la atención”, comentó con una sonrisa durante la entrevista con LA PRENSA Premium, concedida semanas después de su discurso de graduación.El trayecto no fue fácil, si bien su madre Ernestina Alfaro lo apoyó durante todo momento, los retos que enfrentó al ser un estudiante foráneo no fueron menores. Adaptarse a la vida universitaria, alejarse del calor de su hogar y de la comida de su madre, y asumir responsabilidades que muchos de sus compañeros aún no conocían, fueron desafíos que lo marcaron profundamente.Obtener este índice académico no fue algo que buscó intencionadamente, los estándares educativos premian con un número o una calificación, pero él nunca lo miró de esa manera, ese índice solo representa la materialización de un esfuerzo constante, nada más. Marlon nunca perdió el enfoque, desde el primer día tenía claro su objetivo: graduarse, y para lograrlo hizo sacrificios que otros no estaban dispuestos a hacer. Esa decisión implicó dedicarle más esmero a cada cosa que hacía: pasaba más tiempo estudiando, redujo las distracciones y se centró en lo que realmente importaba. Las notas, sorprendentemente, llegaron por si solas, no era su prioridad alcanzar un promedio sobresaliente, pero el esfuerzo que puso se reflejó en los resultados.