Con temple e ímpetu, JOH tomó fuerzas y se despidió: “Soy inocente”

El expresidente de Honduras escuchó la decisión del jurado: culpable de los tres delitos.

Foto: Jane Rosenberg / EFE

vie 8 de marzo de 2024

Nueva York

Pasados cinco minutos de las 10:00 am, la puerta a mano derecha del juez Kevin Castel se abría, Juan Orlando Hernández hacía su ingreso a la corte, elegantemente vestido. Con algo de barba y con un semblante gris ocupó su asiento e inmediatamente inició un diálogo con el abogado Renato Stabile.

Su presencia marcó un antes y un después en la habitación, el silencio se apoderó de la misma, el único ruido que se escuchaba era el de los presentes acomodándose en sus asientos, alguna persona limpiando su garganta, tal vez algún susurro o el chillido de alguna puerta, pese a ello, lo más notable era aquella terrible tensión.

Mientras los jurados discutían el destino de Hernández Alvarado, él continuaba observando información en el monitor de la “laptop” de Stabile o centraba su mirada en el juez.

Durante los primeros minutos no conversó en lo absoluto con Raymond Colon.

Producto de la ansiedad, el silencio y la larga espera se mordía las uñas, actividad que interrumpía para observar el monitor de su defensor.

$!Juan Orlando negó conocer a Arnulfo Valle, con quien sale abrazado en una foto en Sudáfrica: sugirió que era un fotomontaje.

Hasta las 11:00 am le sonrió a Colon, se acomodó los lentes e iniciaron una charla; muy breve por cierto, seguidamente recibió una “laptop” y durante los próximos minutos se ocupó en leer alguna información en el portátil.

A la 1:20 pm, hora de Nueva York, el tiempo transcurría, la tensión aumentaba y el silencio se volvía más crítico.

Fue hasta que hicieron su ingreso un gran número de oficiales de los U.S. Marshalls y se ubicaron en los alrededores que absolutamente todo cambió, su sola presencia indicaba que algo estaba por ocurrir y, efectivamente, un minuto después regresaba el expresidente.

Las más de 120 personas allí presentes, unas a favor y otras en contra, interpretaban que habíamos llegado al final del túnel, JOH se llevó las manos al rostro, las juntó y empezó a rezar, al mismo tiempo que los jurados, los ciudadanos estadounidenses, residentes en Nueva York, aquellos a los que se les había pedido utilizar su “inteligencia callejera neoyorquina” y que tenían su destino en sus manos, hacían su ingreso a la sala 26-B, su mirada por los próximos minutos se centró en el lado derecho donde ellos darían su veredicto.

$!El periodista Eduardo Solano describió de forma impecable cómo vivió JOH el momento en el que se leyó la decisión del jurado. En la foto con el periodista Fernando Maldonado.

Durante la confirmación de los jurados, declarándolo culpable de tres cargos de conspiración, movía la cabeza en señal de desaprobación. En su lenguaje corporal expresaba que se cometería un error, pero se mantuvo inmóvil, ya no platicó más con sus defensores, no tuvo más que decir.

El reloj marcaba las 13:30 y, como ha sido una constante, se mostró fuerte, valiente. Al salir los jurados se puso de pie, unió sus manos en señal de oración, pero luego los bajó y sobre ellos puso todo su peso sobre el escritorio. Estaba impactado, devastado, como que sabía mucho antes de que dieran el veredicto que este no le favorecería.

Con el temple e ímpetu que lo caracterizan agarró fuerzas y se despidió con otra frase que volverá a inmortalizar: “Soy inocente, díganselo al mundo, los amo”.

Hernández, cuya sentencia debe ser dictada el 26 de junio por el juez Kevin Castel, se convierte así en el mandatario latinoamericano de mayor rango condenado por narcotráfico desde el caso de Noriega, sentenciado en 1992 en un juzgado de Florida a 40 años de cárcel por sus conexiones con el cartel colombiano de Medellín.

$!A lo largo del juicio, que se prolongó por trece días, Juan Orlando prácticamente dirigió su defensa. En la imagen junto con Renato Stabile.

Ayer viernes, día que el resto del mundo conmemoró el Día Internacional de las Mujeres, Hernández fue declarado culpable de tres cargos de narcotráfico y armas por un jurado de Nueva York.

El cargo de “conspirar para importar cocaína” conlleva una sentencia de entre 10 años y la perpetuidad; el de “usar y portar ametralladoras y otros dispositivos destructivos” para introducir droga se castiga con entre 30 años y la perpetuidad, y el de “conspirar para usar y portar ametralladoras” para la importación de droga también tiene una pena máxima de perpetuidad.

La Fiscalía sostenía que la actividad narcotraficante de Hernández no se limita a sus dos mandatos presidenciales, sino a toda su carrera política, desde al menos 2004.

“Cuando él dijo ‘no, no soy yo en la foto’, ya estaba perdido”

Nueva York. El reconocido periodista Matthew Russell Lee, de Inner City Press, abrió a los hondureños la posibilidad de seguir minuto a minuto gran parte de lo que sucedió a lo largo de 13 días en la sala 27B de la Corte del Distrito Sur de Nueva York.

Con el peso de su trayectoria y el ejemplar papel informativo que realizó, Lee señaló sin temor a equivocarse los errores en la estrategia de defensa del expresidente Hernández.

Para empezar, dijo que cometieron una serie de errores y falta de claridad durante el proceso judicial. Uno de los fallos iniciales, según Lee, fue permitir que Hernández testificara en el estrado. “Para mí, la decisión había mucha evidencia incriminatoria, pero creo que fue un error que testificara”. También destacó un momento crucial durante el testimonio de Hernández, cuando negó ser la persona en una fotografía incriminatoria.

“Cuando él dijo ‘no, no soy yo en la foto’, ya estaba perdido”, comentó Lee, sugiriendo que esta declaración contribuyó a debilitar su posición ante el jurado. Se trataba de la foto donde se le ve abrazado del aparente narco Arnulfo Valle.

Otro error identificado por Lee fue el testimonio del general Tulio Armando Romero Palacios, que afirmó trabajar en la seguridad del expresidente, su esposa y su hermano. Lee consideró que este testimonio no fue beneficioso para la defensa de Hernández. En cuanto a las perspectivas de apelación, Lee expresó su escepticismo sobre las posibilidades de éxito. “Yo sé que va a apelar. Si recibe cadena perpetua más 30, hay que apelar, aunque no creo que tenga mucho chance”, reconoció.

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